Camino a Bolivia

De Bolivia conocía sólo Uyuni, el 2009, cuando fui con la Vivi. Cinco mujeres sobre un Land Crusier, que durante tres días cruzamos el altiplano entre San Pedro de Atacama y el pueblo de Uyuni ¡Alucinante! Cuando contratamos el tour en San Pedro, no teníamos ni la menor noción de los lugares que recorreríamos, sólo nos interesaba cruzar a Bolivia lo antes posible. Así, casi notarlo, nos encontramos recorriendo termas y maravillosas lagunas altiplánicas, unas de color rojizo, otras verdes o azules, y otras, con un insoportable olor a azufre. Todas llenas de una maravillosa variedad de avifauna, siempre predominada por la elegancia de parinas y flamencos, cada vez más grandes y de color rojo más intenso. También recorrimos geyser, dormimos en un precario refugio de montaña y en un hotel de sal, culminando el recorrido en el impresionante Salar de Uyuni donde me separé de las chicas para volver a Chile.

Semanas después, cuando vi las fotografías del grupo me dije: DEBO estar ahí, debo volver y conocer esos lugares. Por eso me fui a Bolivia nuevamente en febrero del 2012.

Esta vez, éramos dos mujeres recorriendo el altiplano mientras aquietábamos nuestra cabeza y recomponíamos cada una nuestro propio corazón.

Con la Fran nos conocemos del tiempo del Ballet Folclórico, siempre en contacto en las salas de ensayo, los camarines y los escenarios. Era primera vez que viajábamos juntas, solas, sin la compañía del director ni de nuestros compañeros músicos y bailarines.

Del norte de Chile yo conocía hasta Antofagasta, así que decidimos comenzar el viaje desde ahí. Entonces, el itinerario quedaba más o menos así: Iquique-Arica-La Paz-recorrer Bolivia bajando al sur- Uyuni-San Pedro de Atacama-Antofagasta.

Nuestro avión llegó a Antofagasta alrededor de las 10 AM. desde ahí nos fuimos directo al terminal de buses, compramos pasajes a Iquique para las 1AM, dejamos las mochilas en el guardaequipaje y partimos rumbo al centro donde nos encontramos con la Betitta. A la Bettita yo la conocí el 2009 cuando me recibió con los brazos abiertos y llena de historias para consolar esa pena insoportable con la que yo llegaba a refugiarme a las tierras nortinas. Entonces la Betitta aún arrastraba una considerable suma de pesares acumulados en el tiempo. Ahora, tres años después, la veía aparecer tras el coche doble con cada niño en su asiento y con la sonrisa anclada en su rostro, tan llena de luz como los niños que la acompañaban.  Paseamos un rato y nos fuimos a ver a nuestra amiga Marce para conocer también a su pequeño hijo ¡Cómo han cambiado mis amigas nortinas en estos años!… Y yo, volviendo igual que aquél entonces, comenzando un nuevo viaje, queriendo despertar mi conciencia.

Tras una larga siesta en casa de la Marce, en la noche nos encontramos con Cristián, un tipo que conocí hace unos años después de una noche de cueca y cumbia en la Fonda Permanente de Santiago. Cristián tiene 40 años, separado y con tres hijos que da la impresión que más bien cuidan de él que él de ellos. Amable, gracioso y con una envidiable energía de un niño de 15. Hace unos meses cambió su vida citadina por el desierto nortino. Esa noche fue de Café del Sol, de terremotos, de sayas, de ver el mar y de historias al ritmo del rock latino. A las 1AM en punto, Cristián nos dejó en nuestro bus y partimos rumbo a Iquique.

En Iquique contratamos un tour que nos llevó a conocer los geoglifos, el pueblo de La Tirana, el poblado de Pozo Almonte, las salitreras de Humberstone y Santa Elena donde la piel se eriza en el silencio de ese recuerdo histórico en medio del desierto. El tour terminó en el pueblo de Pica donde montamos a caballo y fuimos acompañadas por una tierna llamita que besaba simpáticamente nuestro rostro. En la mañana siguiente, nos bañamos en Playa Cavancha y partimos rumbo a Arica para tomar el bus que nos llevaría hasta la ciudad de La Paz.

Al terminal de Arica llegamos a las 19.00hrs. El bus a La Paz salía a las 23.00 hrs. No nos movimos del terminal, aprovechamos de comprar los pesos bolivianos que nos faltaban y esperamos sentadas junto al andén, casi sin movernos. Desde ahí lográbamos divisar famoso El Morro, el cual, según nos contó hace ya varios años la Señorita Ana, nuestros héroes chilenos lograron una inesperada victoria después de una buenas dosis de chupilca. 

De pronto, dos tipos, evidentemente estudiantes, se sentaron a unos metros, con mochilas, guitarra y pandero. En pocos minutos, la espera ya se anima con música y aplausos al ritmo de nuestras cuecas chilenas. A las 11 de la noche, al partir el bus, ya éramos 14 chilenos amigos con el mismo destino, que juntos, nos dimos ánimos entre las 6 y las 8 AM., dos horas que pasamos varados en la frontera, a los pies del Lago Chungará, entumidos de frío y apunados, esperando la apertura del Paso fronterizo.

El trayecto de Arica a La Paz fue horroroso. Sinceramente, si pudiera evitarlo una próxima vez ¡Lo haría!. Un sinfín de curvas que el conductor sorteaba evidentemente sin ninguna precaución y a gran velocidad. Por suerte yo duermo con inconsciencia y sólo sentí el zamarreo de mi cuerpo y un par de cabezazos en el vidrio que me hacían abrir los ojos de vez en cuando.

Ahhh… pero yo siempre que viajo pienso que moriré. No lo puedo evitar. Al caer el avión, al volcar un bus, en las lanchas, dónde sea, siempre creo que moriré; por lo que cada viaje se transforma, inevitablemente, en un buen ejercicio para el recuento y balance de mi vida. Para irme en paz…. por si acaso.