Partiendo al Viejo Continente.

Yo adoro Sudamérica, de verdad, me encanta. Alucino con el altiplano, enciendo con esos lugares semiselváticos y disfruto tanto caminar descalza por los pueblos costeros entre la gente con la piel morena y arrugada de tanto sol. Entonces, me siento tan hija de la tierra. Quizás por eso nunca pensé concretamente viajar a Europa; sin embargo, cuando la oportunidad se presentó de pronto, yo me dije de inmediato “Ok, voy. Es hora”.

No sé si fui muy consciente en cómo se gestó el viaje, con tramos sola, visitando amigos y conocidos; y otro importante, junto a mis padres con quienes hace muchos años no compartíamos un viaje.

Partí desde el Aeropuerto de Santiago de Chile hace poco más de un año, la tarde del jueves 16 de mayo. El día viernes ya estaría en Madrid pero con el suma y resta de horas ya no sabía cuánto tiempo pasaría arriba del avión pero sin duda fue el tiempo suficiente  para observar desde el asiento los últimos episodios de mi vida, para decidir no tomar el avión de regreso sin haber generados cambios profundos en mí y para pensar lo terrible que sería que el avión cayera al Océano Atlántico.

Luego de ese fin de semana en Madrid y sus alrededores, el día lunes 19, me encontraría con mis padres en Helsinski, Finlandia. Pocos meses antes ni siquiera hubiese sabido que Helsinski estaba en Finlandia y con suerte tenía una idea sobre en qué parte del continente se encontraba ese lugar, sólo tenía claro que era lejos, muy lejos.

Pocos meses antes, Helsinski bien podría haber sido parte de Finlandia como de Holanda, Rumania, Rusia o Alemania. ¡Que bruta! dirán ustedes. Sí, lo sé. Lo mismo pensé yo de aquel italiano que cuando le dije que era de Chile me respondió que su tío también vivía en Argentina. ¡Que Chile es un país!

Dos días en Helsinski y los tres continuábamos el viaje juntos a St. Petersburgo y Moscú, Rusia.  Adoré Rusia. Sin duda fue lo que mayormente marcó ese viaje. En Moscú nos separamos y volvimos a reunirnos en París, Francia.  A esa altura yo ya hablaba en una sola frase un imperfecto inglés-francés-español.

Luego, el tren entre París y Londres me llevó al último tramo del viaje. Por fin podría practicar realmente un poco de inglés… pero noooo… Con ese particular acento británico y palabras que definitivamente no acostumbraba oír en mi precario vocabulario english como: “litter” , sólo podía pensar que estaba en una de las películas de Bridget Jones, sobre todo al irnos hacia la costa. ¡La mitad de las frases era lo bello que estaba el día o alguna adulación a la decoración o que se yo! ¡Love it! Definitivamente UK es una sobredosis de pura perfección para una latina Santiaguina como yo aunque pude entender perfecto por qué una de mis coterráneas se ha quedado feliz viviendo por allá.

“Quédate, perteneces a acá” Fue una de las últimas frases que escuché antes de dejar UK rumbo a España donde estuve dos días más antes de volver a Chile desde Madrid y tras 28 días de intensos y fugaces recorridos.

Para saber el recorrido en cada lugar, los datos útiles y también los inútiles,  y la gente que conocí, continúe leyendo  las siguientes publicaciones.

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