La Junta – Claro Solar – Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Amanecemos en La Junta. Me cuesta creer que la mañana anterior estaba en Santiago. Aún no han pasado 24 horas desde que llegué a la Patagonia y se siente cómo si llevase días acá. El exquisito aroma a bosques húmedos y a leña recién encendida entre la bruma de la mañana es tan confortable que quiero sentir que llevo días en este lugar.

Hoy partimos rumbo a Puerto Raúl Marín Balmaceda, pero durante la conversa de la noche anterior, un viajero nos dio el dato de visitar un lugar a los pies del Barros Arana, “es como de película” dijo, así que antes de dirigirnos hacia la costa, regresamos unos 12 km hacia el norte para adentrarnos en lo que creemos que es el camino que nos lleva al lago a los pies del cordón del Barros Arana. El camino es precioso y cuesta avanzar sin detenernos a tomar una y otra fotografía. Al cabo de unos 15 km, que entre tanta fotografía tardamos el doble lo que debiéramos, ahí está, el Lago Claro Solar, a los pies del cordón montañoso, entre bosques y campos de los pocos lugareños que habitan estos valles. Buscamos un camino por donde bajar a la orilla y sin querer ni darnos cuenta estamos en casa de la Sra. Julia San Martín quien nos recibe con toda su hospitalidad sureña para contarnos un poco sobre la vida en estas tierras. Así se nos van las horas entre las matas de orégano secándose en la ventana, entre historias sobre cómo cambió sus días en Futaleufú para venir con su marido a este lugar, en cómo levantaron su casa tras un incendio que los dejó con lo puesto tan sólo tres años después de haber llegado, “Mira, lo más importante es la vida y la salud, todo lo que pierdas ahora lo vas a recuperar, si yo pude levantar mi casa cuando me quedé hasta descalza. Viaja, conoce y después recuperarás todo pero con otras vivencias”.

Valle Claro Solar

Se nos pasaron las horas entre conversas, los animales y el invernadero de la Señora Julia. Enriquecidos de este encuentro, finalmente bajamos a los pies del lago. La vista es preciosa, el sol fuertemente encendido sobre nuestras cabezas y el agua cristalina a los pies de la montaña. Rápidamente quitamos nuestras ropas y nos lanzamos de cabeza a las aguas del Claro Solar. ¡Ahora sí me siento en plena Patagonia!

Y así, tantas horas nos quedamos hipnotizados a los pies del Barros Arana, entre los Valles de Mirta, del Cuarto y del Quinto, que hemos perdido la última barcaza que nos cruzaría al Puerto Raúl Marín Balmaceda. Siendo las 18:00 hrs, 62 Km nos separan entre el letrero que nos indica que la última barcaza ha cruzado a las 17:30 hrs y el lugar donde debíamos abordarla. Hay un rumor que por la temporada el horario se ha extendido pero nadie sabe decirnos el horario final. Hay que tomar decisiones así que tras un rápido almuerzo en La Junta, acordamos avanzar los 62 km que nos quedan por delante. Son las 20:30 hrs y un nuevo aviso, justo en el muelle, indica que la extensión del horario es hasta las 19:00 hrs, pero nosotros tenemos todo lo que necesitamos arriba de nuestras cuatro ruedas por lo que acampar en una explanada que encontramos al final del camino no es ningún problema, al contrario, el lugar es una belleza, el mar entrando en la bahía está a nuestros pies, la vegetación húmeda a nuestras espaldas guarda el sonido de las aves y el croar de ranas que oímos por todos lados pero que no se dejan ver. El único punto en contra son esos pequeños pero molestos zancudos atentos a cualquier zona de piel descubierta donde poder atacar, aún así logramos cenar bajo el cielo estrellado y a dormir con nuestro coro de ranas ocultas.

Anochecer esperando la barcaza
Anochecer esperando la barcaza

Son las 6:30 am y ya estamos en pie. Rápidamente tomamos desayuno y levantamos el campamento. A las 8:30 en punto logramos cruzar en la Barcaza Steffen y a las 10 am ya estamos en la playa, en el sector denominado la Puntilla, con 25 km de costa sólo para nosotros, según nos dijo un lugareño. Para nosotros y esos pequeños e insistentes tábanos que atacan una y otra vez. El día esta soleado y con tanta costa que recorrer. “Saldré a correr por la playa” así parto hipnotizada por el lugar, corriendo feliz a orilla de un tranquilo Pacífico y ahí atrás y por encima de mi cabeza vienen ellos, los tábanos, corriendo junto conmigo, con su interminable zumbido y uno que otro picoteo en la espalda, en el brazo. Sigo corriendo mientras aleteo de vez en cuando para quitarlos de encima pero nada resulta. ¡Agua! “Me meteré al agua” los amenazo y poco a poco voy entrando al mar pero ellos siguen alrededor de mi cabeza, entro otro tanto más y algo se mueve mar adentro, me quedo quieta esperando y ahí están, tres toninas nadan a unos cien metros de donde estoy parada. Estoy tan maravillada que no se si los tábanos se han ido o ya no los oigo ni me molestan sus picadas ¡Son toninas y están ahí, tan cerca!

El resto de la mañana fue más toninas, más baño en el mar, más sol, y claro, más tábanos kamikazes que no importa lo que hiciera, ellos arremetían una y otra vez ¡Guerra de agua! Y el experto volador esquivaba las gotas de agua lanzándose en picada contra mí pero bueno, es parte de nuestras costas sureñas y parte importante que no se puede obviar, ni esquivar. Paciencia y valor no más y si alguien quiere entretenerse, hay decenas de secretos caseros para espantarlos, que en mi opinión personal, poco resultan pero no se pierde nada con intentar. Eso sí, procuren evitar vestir de negro, los atrae aún más.

Puerto Raúl Marín Balmaceda. La Puntilla
Puerto Raúl Marín Balmaceda. La Puntilla

Santiago – Coyhaique – La Junta

Tras aplazar el vuelo tres días porque las heridas de los molares aún no sanaban bien, la etapa de viajes ha comenzado al fin. El primer tramo, dentro de Chile, al sur de mi país, la Carretera Austral.

Inicialmente debía partir en Puerto Montt pero debido al atraso, el recorrido comienza desde Coyhaique.

El vuelo salió aproximadamente a las 7:30 am desde el aeropuerto de Santiago. En estos instantes que vuelo ya sobre la Patagonia se vuelve agobiante pensar en el número de veces que estaré en este mismo escenario , en distintas partes del mundo, entonces viene una de las primeras lecciones de esta etapa: “Estoy aquí y existe el ahora. Todo lo demás escapa a mi control y todo aquello que hoy cabe en el ahora es nuevo, ya no forma parte de mis rutinas y por tanto, requiere de toda mi atención. Hoy el potencial está en este instante, en este momento”. Y en el hoy, en el ahora, sólo veo nubes. Volamos sobre nubes, volamos bajo nubes y pequeñas turbulencias que sacuden levemente el avión, así lo dejan en claro.

10:10 am ya estamos aterrizando en Balmaceda y ya comienzo a ver la tierra abajo nuestro “Cielos cubiertos” dijo el piloto, “Temperatura 15ºC”.

Bajando del avión encuentro de inmediato un transfer que por $5000 (CLP) me lleva hasta Coyhaique. Es domingo y todo está cerrado, o casi, farmacias abiertas, un par de cyber y uno que otro lugar para comer. El primero, menú de almuerzo por $6.800 (CLP): Crema de verduras, carne de cordero y papas, el postre es cerezas. No incluye bebida por lo que el almuerzo será de $10.000 CLP. Paso.

Camino  por la plaza donde están los típicos puestos de artesanía, camino un poco más por el pueblo y encuentro un pequeño café: sandwich de carne con agregado $3.000 CLP, té con sabores $1.000 CLP. Definitivamente mejor opción, a pesar que quedé en shock al ver en mi plato dos mini sandwich poco más grande que un par de canapés. Ok, exagero, pero tampoco tanto. De todas maneras el Café Camello Patagón estuvo de lo más confortable. Estuve poco más de hora y media leyendo junto a mis minisandwich y mis dos tazones de té con sabor a naranja.

A las 15:00 hrs en punto llego al terminal de Coyhaique el bus que por $10.000 CLP y tras 6 horas de viaje por un increíble camino entre lagos y bosques frondosos, me llevó hasta el pueblo de La Junta. No, no por la Junta de Gobierno, sino por ser un punto de encuentro tras la Confluencia de los ríos Palena y Rosselot.

21:00 hrs con un tanto de hambre y otro poco de frío llego finalmente a La Junta donde me reúno con mis padres para continuar hacia el Puerto Raúl Marín Balmaceda después de nuestra noche acampando en este lugar.