Sólo es el sueño de mi vida.

Policía Internacional (Aeropuerto de Madrid-Barajas): ¿Me puede mostrar su pasaje de regreso a Santiago de Chile?

Ale: Claro. Ahí está.

Policía: ¿Va a estar en Madrid hasta el 11 de junio?

Ale: Nooo… Mañana voy a Roma. Estaré en Italia, luego vuelvo a España porque en Barcelona tengo vuelo a Nepal. Después a Tailandia e Indonesia. En junio vuelvo a Madrid para regresar a Santiago.

Policía (con rostro sorprendido): ¡¡Es que es el viaje de mis sueños!!

Ale: El mío también… Mmm… Creo que lo estoy cumpliendo.

Policía: ¡Anda! Pasa y que tengas un buen viaje.

Ale: ¡Gracias!

Mientras esperaba mi turno para pasar Policía Internacional en Chile, comenzó el vértigo. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué no puedo quedarme simplemente tranquila en casa? Si me gusta mi vida. ¿Por qué dejo todo aquí? ¿Por qué tres meses? Tres meses es mucho tiempo. ¿Por qué Nepal? ¡Tan lejos! ¿Por qué sola? ¿Por qué iré a una isla con malaria?¿Por qué invertí todo mi dinero en esto?

Ahí afuera aún estaba mi familia, conversando entre ellos y enviándome por mensajes las fotografías que sólo minutos antes nos habíamos tomado todos juntos. Al otro lado de la ventana estaba mi mundo, mi casa, mi Pastora, los amigos que me despidieron durante una semana completa. Mi vida.

“Puedo volver cuando quiera”. “Puedo volver cuando quiera, puedo renunciar en cualquier momento pero tengo que partir aunque ahora no recuerde porqué lo elegí” “Puedo regresar cuando quiera”. Y con esa frase en mi cabeza terminé la fila, salí oficialmente de Chile y subí al avión. Ahora, en Madrid, el Policía me recordaba porqué lo elegí así: Porque siempre fue mi sueño.

Madrid fue mi puerta de entrada a Europa y Asia, lo cual es perfecto ya que es una ciudad que conozco y que compartimos idioma (aunque acá tenga muchaz zetazzz). Por lo tanto, no fue difícil llegar al hostal frente a Plaza Callao y a un paso de la Puerta del Sol donde aloje en el Hostal Woohoo por aproximadamente 13 Euros.

En Chile somos alrededor de 16 millones de habitantes; y sin embargo, siempre es posible encontrar mas de algún chileno en cualquier parte del mundo “En todas partes hay un chileno” es una frase habitual para nosotros y esta vez no era la excepción. A los pocos minutos de instalarme en el dormitorio compartido llega un compatriota que también comenzaba en ese momento su ruta. Compartimos un tanto de paseo por el centro madrileño y en la noche unas buenas dosis de cerveza birra en un Bar Irlandes que nos topamos en el camino. Así dábamos inicio oficial de nuestros respectivos viajes, ahora ya al otro lado del Atlántico.

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