Nepal: La espera en el Aeropuerto de Katmandu

Salí finalmente del baño, no con la carga a full pero bueno, el baño de un aeropuerto sobresaturado no es lo más cómodo. Entonces encontré a Adriana, la señora venezolana que conocí antes de tomar el bus en Pokhara y que fue una de las primeras en huir al amanecer desde el hostel que inicialmente había visto. “Chica es que no se pudo dormir nada. Cuando amaneció las paredes estaban agrietadas y hasta habían pequeños escombros en algunas camas. Nos fuimos. Yo me vine al aeropuerto a ver si agarraba algo y pasé la noche sentada allá afuera con lluvia y todo. Chica es que no sabes, personas con niños durmiendo ahí y con ese frío. Hay mucha gente afuera. Bueno, hoy he agarrado algo y me voy a Bangladesh y creo que mañana a Bangkok. ¿Tú sabes cómo es Bangladesh? Exactamente ¿Dónde está?”.

Ahí nos quedamos con Adriana compartiendo experiencias, un paquete de galletas de chocolate y una botella de agua. Cuando mi vuelo ya llevaba cinco horas de retraso nos reíamos de mi ingenuidad cuando a 15 minutos del embarque yo estaba en la puerta esperando el llamado. “Chama, ese de allá lleva 24 horas esperando que salga su vuelo”. Y nosotras ahí, sin bañarnos, sin dormir bien, a dieta de cookies y un poco de agua, con la incertidumbre de todo y aún así, estábamos bien.

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Con más de seis horas de retraso finalmente avisan la cancelación de mi vuelo hasta el día siguiente. Eran las 20 hrs y volver a Kathmandu de noche y sin saber dónde ir no era buena idea así que aseguré mi espacio para dormir en el aeropuerto junto a los demás turistas en iguales condiciones, aumenté mi dieta a peanuts y a una gatorate por la mañana. En la noche alguien me regaló una pequeña botella con agua y otro alguien me sonrió y me dio un fuerte golpe en la palma de la mano en señal de ánimo y energía.

A las 3 am ya no podía dormir, entonces tuve una idea: corté pequeños papeles con el correo electrónico de mi padre, con el título: Ale is fine, y con el mensaje que estaba en el aeropuerto esperando y me volvería a comunicar en Bangkok. Así salí a caminar esperando más ideas.

La gente dormía o miraba el techo o sus zapatos. Fuera de un cubículo que decía Nepal Police habían dos hombres, me acerqué con uno de mis papeles y pregunté si alguien podía enviar mi mensaje. Uno de ellos se ofreció de inmediato desde su teléfono y mi padre respondió a los minutos. Estaba tan contenta que Ravi ofreció enviar su numero para que mi padre llamara y así pude hablar con él y con mi hermano. La tranquilidad había regresado para mí porque ellos sabían que estaba bien. Y me terminó de regresar con la chica belga que conocí en la mañana, que vivió dos años en Perú y con quien al fin pude hablar español largo y tendido.

Claro se me apagó un poco en la noche cuando todos los españoles se fueron juntos en un avión que puso el gobierno mientras yo volvía a mi rincón, y con el señor que al dia siguiente me pidió alteradamente que me quedara quieta cuando intentaba que alguien del counter me dijera algo claro para saber si este día tendría avión o no. Pero bueno, ya estoy en la fila esperando mi nuevo boarding pass, sabiendo que tendré que esperar indefinidamente en la Gate pero espero no tener más aventuras que contar sino hasta unas lindas playas en Tailandia y lo mejor, abrazar a mis amigos chilenos que están allá. Y claro, comer algo más nutritivo que cookies and peanuts.

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Lo último lo escribo ya desde el avión y para tranquilidad de muchos. Esta tarde llego ayuda de militares. Los aviones de EEUU, Israel, Pakistán, Japón y Singapur ya habían arribado por lo que sé que los avances serán mayores. También entiendo que los diplomáticos ya han comenzado a llegar así que mi recomendación es contactar directamente a Relaciones Exteriores según su país, entregar todos los datos con detalle y no dejar de presionar. Que los turistas estén días sin poder comunicarse, hoy en Nepal, es normal.

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(Y con este post terminamos mi informacion del terremoto, si? En el siguiente post seguimos donde quedamos que era….. Roma, nos toca Florencia y Venecia! )

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Nepal: Re-conociendo Thamel

Tres horas logré dormir cuando desperté de pie en la puerta con mis documentos encima, los zapatos ya puestos, la chaqueta, la  linterna y el teléfono. Otra de las fuertes réplicas y con mi cultura sísmica chilena, en dos segundos estaba alerta. Eran alrededor de las 5 am y ya pronto amanecería. Aproveché el impulso para ducharme y arreglar mi mochila para buscar un hotel acorde a mi presupuesto. “Por favor Pachamama dame cinco minutos para bañarme. Prometo no demorar”. Bajé por el desayuno buffet procurando llenar bien el estómago ya que no sabía a que hora encontraría comida nuevamente. De todos modos a las 7am ya no había mucha opción porque al parecer los turistas que por seguridad durmieron en el jardín, y que no eran pocos, desayunaron más temprano que yo y claramente con el mismo resguardo de asegurar la comida.

A las 9 am ya estaba en el Hostel que tenia visto; sin embargo, los turistas que pasaron allí la noche habían huido al amanecer y si ellos se fueron era ilógico que yo me quedara. Caminé un tanto por Thamel con mis mochilas acuestas pero era muy difícil encontrar un hotel seguro si parecían que todos se podrían caer con un nuevo terremoto y las réplicas estaban a la orden del día. Lo más seguro eran las “plazas” y los resort, en las primeras no quería dormir sola, y en el segundo, podría pagar un par de noches pero dada la incertidumbre de todo yo debía asegurar más que eso.

Volví al resort y me fui directo al jardín donde me conecté a WiFi e hice cuanta averiguación pude a través de las redes sociales, mi gran ayuda en estos días. A través de las mismas recibí la dirección de correo del cónsul de Chile y de Argentina, les escribí a ambos. Al parecer mi correo al cónsul de Chile no resultó muy bien, la dirección estaba errada, pero él mismo se puso en contacto conmigo, el problema es que llegaría al día siguiente. La cónsul de Argentina me respondió de inmediato.

Conseguí el dato de dos hoteles así que tomé mis cosas y salí nuevamente. El primero no lo encontré y el segundo, parecía una construcción lo suficientemente sólida sino fuese porque en el momento de entrar vino otra de las réplicas fuertes y durareras, tanto que me dio tiempo para observar con detención el oscilamiento de los dos pisos superiores del edificio adyacente amenazando en caer encima. Cuando el movimiento se detuvo mucha gente me miraba y gritaba “The building!!! Fast!! Fast!!”…. “I know it!!!” Respondí mientras corría mirando que no cayera encima. Aún mientras yo temblaba, el tipo que me gritó me ayudó a pasar mis mochilas por la ventana. Así habían resuelto el peligro del edificio a punto de caer, utilizaban la ventana que daba a la otra calle para entrar y salir. Me quedé unos instantes mientras intentaba volver a razonar. Definitivamente con esa imagen  en mi cabeza no podría dormir. El lugar más seguro que conocía era el resort.

Volví nuevamente esperando que los hostel adyacentes fueran mejor opción. Finalmente me quedé en la casa contigua. Era un pequeño hostel hogareño sin luz, sin WiFi y sin comida pero tenía solo dos pisos y eso se agradece en esta ocasión. Thamel es un barrio lleno de callejones estrechos con edificios viejos que amenazan en caer con cada réplica, encontrar el sitio seguro donde dormir no es fácil y equivocarse puede terminar en algo más que un gran susto; sin embargo, los turistas nos las arreglábamos en encontrar espacios seguros, sólo que era casi imposible avisar dónde. En general la gente casi no duerme adentro, excepto yo y supongo que se debe a los dos terremotos que ya he vivido en Chile, por lo que la casa estaba casi vacía. Pedí la primera habitación, justo al lado de la ancha puerta de salida. Aún estaba asustada con la imagen del vaivén de aquel edificio, ahora no tenia luz ni comunicación, estaba sola en un país con otro idioma y con mi escaso inglés atarzanado. Además no sabia nada de mi vuelo al día siguiente, quería salir a buscar gente pero ya no tenía siquiera cómo comunicarme para comenzar por algún lugar, entonces por primera vez colapse e hice lo más coherente en ese instante, lloré sin culpas y dormí.

Creo que fue la única vez que dormí profundamente por un par de horas. Al despertar, cerca de las 5 de la tarde,  aseguré una botella con agua, tomé mis documentos, teléfono, cargador y mi linterna. Me fui a caminar por Thamel una vez más, algo se me ocurriría. Encontré abierto el restaurant chino que vendía solo fried rice para los turistas por casi dos dólares así que me aseguré mi porción de arroz con huevo revuelto del día y ¡Cargué mi teléfono! Sí, porque los chinitos tenían su electricidad y hasta con televisión donde transmitían las condiciones de Nepal. No era necesario entender el idioma, las imágenes hablaban por sí mismas. Los chinos estaban muy bien organizados, aseguraban mejor comida para mantenerse ellos (comida con carne) y se ocupaban de vender arroz a los turistas a un precio más que justo. Además vi que tenían un letrero de Chinesse volunteering.

Lo malo de encontrar electricidad en estas condiciones es que no hay nada más que hacer que sentarse junto al aparato y esperar. Cuando ya llevaba casi media hora observando por la ventana al cuervo que me gritaba desde lo que quedaba de techo de la casa del frente se me ocurrió aprovechar para escribir en el blog de notas del celular, texto que luego envié por correo a una amiga que lo publicó en mi web, fue la última vez que tuve conexión. Lo mismo hago en este instante en el baño del aeropuerto mientras mi teléfono esta enchufado a la única carga que encontré y espero la salida del vuelo que ya lleva tres horas de retraso. Claro, el baño no es un lugar apetecible así que disminuye la demanda del toma corrientes. Es increíble cuando llega al fin el avión esperado, la gente grita, ríe y celebra.

El aeropuerto es un caos con gente durmiendo afuera de él, gente durmiendo en el área del check in y aún más gente durmiendo acá en la zona de las Gates esperando que al fin salga su vuelo. Algunos llevan dos días acá, en buen estado pero incomunicados.

Yo tengo sentimientos encontrados quiero tomar el vuelo porque ya se me acaban las energías para ver donde dormir y donde comer cada día pero por otro lado no quiero dejar Nepal en estas condiciones, aunque claro hoy con suerte me ayudo yo misma, y bien digo, con mucha suerte de mi lado. Definitivamente la energía y cariño de toda mi gente me acompaña.

(perdon las faltas pero esta vez lo arregle desde un teclado tailandes y no encuentro acentos).