Aparecida en Nepal

Tengo en pausa el blog porque anduve dos semanas metida en las montañas de los Himalayas y ahí es bien difícil escribir.
Hoy ya estoy de regreso en Kathmandú y me voy a saltar un mes de viaje para contar un poco del día de ayer. Primero porque agradezco profundamente haber estado en un sitio seguro cuando fue el terremoto, segundo porque las muestras de preocupación y cariño han sido inmensas y si bien mi preocupación era comunicarme antes que los noticiarios dieran a conocer el desastre, me ha conmovido el tremendo movimiento nacional por saber de mí, y tercero, porque creo que yo misma necesito saberme no desaparecida.

La buena estrella siempre me acompaña, con la familia y amigos siempre bromeamos con ello aunque sabemos que tiene mucho de cierto, y esta vez no fue la excepción. Tras dos semanas caminando por el Circuito de Annapurna y viendo avalanchas incluso en ese trayecto, ayer sábado habíamos dejado la ciudad de Pokhara a las 7:30 am. en dirección  a la capital, Kathmandu. En el terminal, mientras bebía mi black tea y comía mi pan con canela vi a muchos trekkers que hicieron la ruta en los mismos días.

No se cuánto avanzamos porque en cuanto el bus se puso en movimiento yo me desvanecí en el sueño pero no creo que haya pasado mucho tiempo para cuando avisaron el breakfast break que en realidad yo utilicé como toilete break y como un buen momento para seguir conociendo gente, en este caso una pareja española que estaban con mi ya amigo español, Domingo.

Continuamos el trayecto mientras yo continué durmiendo. Nos detenemos Lunch break. Bajé del bus para estirar las piernas mientras mi amigo Mau se reía de mi rostro aún dormido. Yo había decidido no almorzar hasta llegar a Kathmandu probablemente a las 14:00 hrs. pero el olor a comida al entrar al recinto despertó al menos mi tripa. Salí buscando a Mau “Mau ¿Vas a comer algo?” ” No, yo no voy a comer“. Ok, en realidad comería de glotona, no tenía hambre y aún me quedaba de la fruta que me había dado Purna horas antes.

Caminé buscando un lugar donde sentarme cerca del pasto, no creo haber dado mucho más de diez pasos cuando comenzó el ruido de los vidrios agitándose y las piedras y maceteros cayendo desde lo alto. No entendía nada pero claramente debía correr en dirección contraria. Mientras corría alejándome, volvía sobre mis pasos queriendo saber qué pasaba adentro, si la gente lograba salir. Caían más piedras y volvía a alejarme para volver de nuevo hacia atrás. Entonces vi un caballero saltar del segundo piso y correr. Corrí otro poco más hasta ver que al otro lado de la carretera una pequeña casa se desmoronaba. Creo que en ese momento recién desperté “Esto es un fuerte temblor y si nada cae encima ya no hay donde más correr. Ale tú ya sabes de estas cosas“. Entonces me quedé parada mirando, analizando lo que sucedía. Cuando se detuvo quise ir a mirar dentro del recinto pero el movimiento comenzó de inmediato a repetirse. Eso sucedió al menos 3 o 4 veces. No hubo ningún herido. Tras unos veinte minutos y aún con réplicas continuamos en dirección a Kathmandu. Mientras avanzábamos veía muros completamente caídos, toda la gente afuera, en la calle o en los campos, el bus esquivando rocas y tierra caída desde los cerros. Cuando pasamos un pueblo que atendía gente en las camillas fuera del pequeño hospital recién sospeché la magnitud “Esto fue un terremoto“. No quise hacer ningún comentario, Purna aún no lograba comunicarse con su familia en Kathmandu y Mau esperaba abordar su vuelo de regreso a Brasil. A mí sólo se me apretaba más y más la garganta “Que Kathmandu este bien, Que Kathmandu este bien; Que pueda comunicarme con mi familia antes que vean las noticias”.

Tras unas horas más llegamos a Kathmandu pero el tráfico nos detuvo en la entrada. Más casas en el suelo y nada sabíamos. Las comunicaciones muertas. Bajé nuevamente del bus y encontré la pareja de españoles, ellos confirmaron todas mis sospechas “¿Ya sabéis lo que ha pasado? Esto ha sido un terremoto. Hay muchos muertos en Kathmandu. Ahora nos hemos comunicado con nuestras familias en España y ya está en todos los noticieros“… “Que mi familia no se entere aún… Que mi familia no se entere aún”.

Purna finalmente logró que alguien se acercara a buscarnos y nosotros caminamos mochilas al hombro para avanzar el gran taco de buses y camiones. Cuando nos acercábamos a Thamel vimos la gente acampando a orillas del río en una suerte de carpas improvisadas con mantas amarradas, también se podía sentir el olor a alcantarilla que claramente estaba fuera de lugar.

Con esas ultimas imágenes llegué al hotel. Feliz por tener un lugar seguro esa noche, por comunicarme al fin con mi familia y amigos y aunque las replicas durante toda la noche no me dejaron dormir, lo cierto es que estaba mejor que muchos en Kathmandu, y eso también duele.

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