Camino a Navarino: Santiago a Punta Arenas

Me pasa con los viajes que hay un punto en que se me convierten un poco ajenas a la realidad. Planifico, leo, planifico de nuevo, leo otra vez, vienen las reservas de pasajes, de alojamientos, las compras finales para asegurarnos de tener todo lo necesario, pero no los veo concretamente reales, como si en la práctica no existiese. Así me siento incluso ahora, en el avión, sobrevolando quizás qué lugares patagónicos, con nubes, lagos, ríos y montañas que parecen dormir kilómetros más abajo. Hasta las estáticas alas del avión parecen tener más vida en este momento. Sin embargo, sé que lejos del alcance real de mis ojos, allá, todo ocurre.

Este viaje a estado accidentado desde hace meses. Eduardo, tuvo una importante lesión, luego ingreso de urgencias por una apendicitis, seguido por otra lesión menor. Hoy, ya recuperado de todas las improvisaciones, está a poco más de veinticuatro horas de encontrarse con nosotros al momento de embarcar rumbo a Puerto Williams. Por mi parte, siempre me complican los plazos de entregas en el trabajo, la consultoría nunca tiene realmente vacaciones así que intento coordinar lo mejor posible los tiempos y el equipo que me apoya, la conectividad actual ayuda bastante. Hace dos días mis ganglios y oreja izquierda se inflamaron sorpresivamente. Desde ayer antibióticos y antialérgicos se sumaron a mi equipaje. En la empresa donde trabaja papá, hoy están con algunos inconvenientes laborales. Por ahora, no puede acompañarnos en el viaje. Hoy, su lugar hoy está ahí hasta que las cosas se resuelvan. Es raro partir sin él. Juntos comenzamos esto y arrastramos a toda la familia, incluida a la pequeña Luna, con sus pequeños y aventureros seis años de edad. Somos tozudos, todos somos tozudos, aún tenemos tres días para esperar que las cosas se solucionen y él se pueda unir antes de comenzar los pasos recorriendo Navarino y como somos tozudos, tenemos fe.

Sigo suspendida en el aire, a poco menos de una hora de que el avión aterrice en Punta Arenas. Salimos a las 10:30 del Aeropuerto de Santiago. Hoy nos recibirá una prima con su familia y la pequeña Luna que nos acompaña, podrá poner en su cabeza rostros a familiares que no recuerda.

Viajar con la pequeña siempre es de los mejores condimentos. Desde mi asiento podía oír sus coreados “¡Guaaaaaa!…. ¡Uuuuuhhuuuuuu!” cuando las turbulencias movieron un tanto el trayecto y calmaron el “Estoy aburrida ya de estar en el avión. ¿Qué puedo hacer?”.

Finalmente, aterrizamos en el Aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo, en Punta Arenas. Hace más calor de lo que esperaba. Unos 16°C. Nos despedimos de la tripulación y gracias a nuestra pequeña e iluminada Luna, nos invitan a ver la cabina, conocer a la piloto y tomar nuestra primera fotografía del viaje.

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