Con los Pies en la Tierra

“¡Qué suerte Ale! ¿Cómo lo haces para viajar tanto?”

Amigos, aquí les dejo el gran secreto: “Así lo decidí”.

Nos hemos acostumbrados a pensar que la gente que viaja sin parar sufre de algo así como evasión de la realidad, falta de compromiso, locura temporal o permanente, o simplemente, suerte. En mi caso, les puedo decir que sí, algo de agradecimiento a una buena estrella hay, como en todo; sin embargo, lo que lleva el camino hacia adelante es querer hacerlo, querer vivir así. Es una decisión de vida, un estilo de vivir y ello trae consigo satisfacciones y sacrificios, como toda decisión. Situaciones y personas que suman y otras que restan.

Es lindo conocer lugares nuevos, mirar hacia el mundo desde las cumbres de la cordillera, bañarse en aguas tibias, recorrer bosques o desiertos pero personalmente, más esencial que eso, es que tengo una necesidad de movimiento constante, de ver el mundo con mis ojos, de sentir el sol lejos de los edificios de 50 pisos que cada día repletan más Santiago. La felicidad toca cada célula de mi cuerpo cuando logro esa conexión que me lleva a despertar, a recordar que este mundo está hecho de la tierra y que sobrevive por la gente que aún la recuerda.

Viajar me despierta, me recuerda que estoy viva, que somos muchos quienes compartimos este mundo. Me recuerda que  la tierra está viva, que nosotros estamos vivos.

Viajar me inspira. Pone en movimiento mis energías y calma mi mente turbulenta, pone mis pies nuevamente en la tierra.

“Lo que más deseas es lo que más temes” y si bien viajar quizás no es mi mayor deseo, es de aquellos que forman mi columna vertebral y cada viaje no ha estado exento de miedos y de dudas. Salto de fe, me gusta pensar.  Y hoy, que organizo este nuevo espacio, trayendo viejas historias de viajes y preparando la casa virtual para los que vendrán, no es la excepción.

Un nuevo viaje está en la retina y con él, las dudas que lo acompañan. Un viaje distinto, uno sin tiempo ni lugares definidos. Un viaje quitando certezas, renunciando a los caminos que pudieran existir si me quedo, un viaje donde el equipaje trascendental soy yo misma, aunque aún no tenga clara la dimensión de eso. Un viaje que implica un nuevo salto de fe.

Un viaje que será real cuando comience porque ya se que en la vida todo puede cambiar… y sin embargo, aún cuando me quedan algunos meses en la ciudad, siento que este viaje para mí ya ha comenzado, y de manera altamente vertiginosa.

 

 Santiago de Chile, 8 de septiembre 2014

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: