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Cruzando fronteras: Costa Rica – Panamá

“¡Estoy en Panamá!”.

Caminando sobre el puente del Sixaola, el río que señala que estás cruzando la frontera entre Costa Rica y Panamá, caí en cuenta de dónde estaba:  Panamá. Cruzando un paso fronterizo, otra vez.  Es que ese institnto de ir un poco más allá es tan adictivo cuando se está con la vida en una mochila al hombro.

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Puente Sixaola. Cruce de frontera Costa Rica – Panamá

Hace tres años llegué sin proponérmelo mucho a Costa Rica, recorrí un par de playas y supe que volvería algún día. Casi al regresar a Chile después de poco más de tres meses, estaba sentada en un hostal en Puerto Viejo siendo tentada por un grupo de viajeros “Vamos a Bocas del Toro y volvemos en tres días”. (Ahora que escribo parece que todo sucede en tres: tres años, tres meses, tres días. Hoy estoy en un viaje de tres semanas, ja).  El viaje anterior ya venía alargado como un chicle. El día que aterricé en San José debía hacerlo en Santiago de Chile pero yo aún no me sentía preparada para el regreso, seguir a otro cruce de frontera ya lo sentía como mi perdición económica y emocional, ¿Cómo iba a reunir las fuerzas para volver si me maravillaba con un país más?. Desde entonces Panamá quedó en mi vista, especialmente Bocas del Toro.

Esta vez, tras pasar una semana familiar en Guanacaste, agarré mochila y me fui directamente a Puerto Viejo con la intención de esta vez sí, llegar a Panamá.

En Puerto Viejo contraté un “shuttle por 25 USD. Primero, el viaje es por tierra desde Puerto Viejo hasta Sixaola, ahí se debe pagar el impuesto de salida de Costa Rica (8 USD), pasar por migración y luego cruzar el Puente Sixaola a pie. Al otro lado, se debe ir directamente a migración con pasaje de salida de algún país de la región. En mi caso, llevaba el pasaje de regreso a Chile desde San José de Costa Rica (lo mostré desde el celular). Lo bueno de contratar el servicio completo desde Puerto Viejo es que alguien te espera en la frontera y ayuda a hacer todos estos trámites hasta dejarte en el vehículo va desde Guabito (Panamá), hasta Puerto Almirante donde sale la lancha que lleva hasta la Isla Colón en Bocas del Toro.

A mí me acompañó Sugar, cruzamos junto a Tibo, quién ya había salido hace tres meses de Bélgica y aún le quedaban 9 meses más de viaje. Sugar nos capacitó en el lenguaje caribeño de Panamá. “Yo te digo: ¿Qué sopá, mami” y tú me respondes: “Cool papi ✌🏽😎”.

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Sobre el Puente Sixaola.

 

 

 

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Mujer en Ruta, sola.

Como sociedad, y mucho menos como mujeres, no hemos estado ajenos a movimientos como #niunamenos. Resulta recurrente conocer un nuevo femicidio, una nueva denuncia de violencia en diversas índoles o una nueva marcha para poder sensibilizarnos y decir ¡Ya basta! 

Hace tres años hice mi primer gran viaje sola, hace casi 25 lloraba porque esas eran cosas que hacían los hombres, las mujeres no viajaban solas por el mundo, era muy peligroso, y a mí con eso se me desgarraba una parte del alma.

Hace tres años hice el primer gran viaje sola y moría de miedo, esperando no morir de algo más en esos meses. 

La experiencia fue quizás única en mi vida, pocas veces me sentí insegura y aprendí a confiar en mi instinto cuando eso sucedía. En más de tres meses estuve sola 3 días y no fueron de corrido. 

Hoy he partido nuevamente, no tres meses sino tres semanas y; sin embargo, comprar los pasajes por tanto tiempo me llenó de culpa, que el trabajo, que los otros proyectos, que la casa, que mi Pastora, que el mundo estará en crisis y no estaré ahí. Lo tomé como el principal síntoma de que necesitaba cada uno de esos días. 

Un nuevo viaje y los mismos temores. “Cuídate y no andes sola”, “No camines sola de noche ya mataron a una turista este año”, “No vayas a ese lugar esta peligroso, mataron a una extranjera hace poco”… son frases recurrentes por estos días.

El sueño de mi vida desde niña fue “recorrer el mundo”, así me lo imaginaba. Con esa frase en mi cabeza comenzaba el sinfín de imágenes soñadas. Hoy puedo cumplir ese sueño, esperando de todo corazón, con toda mi fe, e injustamente, con todo mi autocuidado, no morir en ello ni ser violentada por ser mujer.

He sentido temor de que caiga un avión, de que el bus que va a exceso de velocidad por rutas precarias desbarranque, temor a que una avalancha o un alud caiga encima, hasta he sentido pánico por acampar bajo una tormenta de rayos en la montaña y temer amanecer, literalmente, frita. Ninguno de esos temores me deja la rabia, impotencia y asco que me da sentirlo por, mundialmente, estar expuesta por ser mujer. 

Algún día “ya basta” será real y no uno más, como el grito de ahogo que es hoy pero los necesitamos a todos para que eso ocurra.

Hombres, los necesitamos a ustedes destapando sus ojos y asumiendo su rol histórico en esta situación. Es la forma de romper el legado. Necesitamos que castren sus comentarios machistas para lo cual, necesitan aprender a conocerlos.  Mujeres, nos necesitamos exactamente en las mismas formas, asumiendo nuestro rol histórico en esta forma de actuar, nos necesitamos extirpando nuestros comentarios y pensamientos machistas, criando hombres libres de esa herencia fatal. Necesitamos por partes iguales fomentar la solidaridad, la protección en comunidad, tener valor y coraje para cambiar.

Ni yo, ni ninguna mujer es culpable ni responsable de ser violentada por caminar sola, por emborracharse sin importar el grado de alcohol que ingiera, por bailar provocativamente, por usar escote, incluso por desnudarse. Ninguna. No hay justificación nunca y el sólo pensarlo les dará una alerta de lo cómplices que somos de todo esto, incluso sin notarlo.  La última que supe que mataron fue de día, cuando salió a correr. Les dejo el dato: viajaba con su esposo.

Yo espero volver feliz y plena una vez más, espero volver y soñar con nuevos destinos, espero volver y decantar lo que aprendo en estos días, espero volver y abrazar rico a mi Pastora y a todos lo míos. Mientras, también reflexiono en esto, en mi rol, en mis comentarios, mi forma de pensar, criticar y también callar.  Nos necesitamos todos. 

Hoy tengo fe también en que podemos ser mejores. Es lo mágico de moverse, aparece fe que no siempre se tiene.  

Y para terminar alegre, una imagen estos días.

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