Todas las entradas por Ale

Y resulta que me voy al Puerto

Inserta por semanas, meses y hasta un par de años, en un “encontrarme” en lo difuso de mi mente, en la explosión dispersa de mi alma, en la confusión de las acciones a mi alrededor, en el conocer las propias energías y en la búsqueda de los equilibrios que permitan simplemente fluir. Resulta de pronto, que tanto tiempo y tanta, pero tanta tanta energía invertida en este extenso trabajo personal, comienzan a mostrar poco a poco sus frutos. De pronto, después de ya no sé cuánto tiempo, vuelvo a sentirme inserta en el mundo….

Las chicas están en el Puerto, salgo de casa, llego al terminal, compro el pasaje y ya estoy allá.

¡A las guitarras! A bailar cuecas, boleros y tangos.
A sentir la música, a conversar con los amigos, a mezclarme con extraños, a corear los clásicos de siempre… a vivir…. con lo sutil, con lo más simple y con la intensidad en paz que sólo la simpleza puede dar.

Carne al jugo con arroz, una botella de vino, la gente del Puerto, las amigas… todo lo tangible hoy me llena el alma y una sensación de cosquilleo me recorre casi imperceptiblemente el cuerpo. Comienzo a bailar y ya no quiero dejar de hacerlo más, bailo una y otra vez, con casi todos…. estoy viva, estoy en el mundo.

“Hola. Te acabo de ver bailando cueca así que ahora… ¿Bailas conmigo?”. Después de esa frase fueron tres cuecas, un bolero y un “¿Me das tu teléfono?”. Aún puedo contar con los dedos de una mano las veces que he entregado mi número y todas ellas me han traído intensas sorpresas. En un par de ocasiones todo terminó en un desastre… pero eso fue después de vivir momentos maravillosos que siempre agradeceré.

Al porteño no sé si lo vuelva a ver, lo que sí sé es que en estos días de charlas he vuelto a tener esas conversaciones utópicas que hablan de magia, de sueños, de esperanzas, de sonrisas y de felicidad. Con una comodidad que me llega de no se dónde, casi de inmediato me encuentro hablando con este extraño, de fantasías, que finalmente, son la realidad más concreta por la cual me muevo, y entonces, logro entender en mis propias palabras, que la utilidad del pragmatismo aprendido es la herramienta para el concretar de las acciones, es el camino por el cual avanzar. Pero la esencia real, el verdadero motor de inspiración de vida está en lo utópico, en la esperanza, en la fé… en el fluir de la felicidad más sencilla, vivir en verdadera paz.

Vivir hoy, vivir lo concreto, lo tangible, sonreír al caminar, mirar a los ojos, abrazar al saludar, bailar cada vez que se tenga oportunidad, caminar por placer, reunirse al menos una vez en la semana con alguien a quién no has visto hace mucho o simplemente, a quién no has logrado entregar el tiempo suficiente para oír de verdad. Preguntar de forma sincera ¿Cómo estás?.

Ser parte de lo cotidiano porque la magia está aquí, tocándonos la punta de la nariz.

El camino ha valido la pena… y la gente que me ha acompañado, se queda en el corazón.

Anuncios

Al Sur de Coyhaique

De tin marin de do pingüe……
Ya, pasajes a Coyhaique que no conozco por allá.

Así me fui, acompañada de una amiga, a los sures de nuestro país, sin tener muy claro qué encontraría por allá.

Ya próximas a aterrizar en el Aeropuerto de Balmaceda podíamos apreciar por nuestra ventana lo que nos esperaba, un mar de montañas nevadas, lagos, ríos y bosques envueltos en nubes maravillosas, se divisaba kilómetros abajo.

Llegando a Balmaceda no cuesta absolutamente nada encontrar un transfer que por $4000 CLP.- nos lleva hasta Coyahique donde recorrimos un poco el pueblo y aprovechamos de almorzar (no sabíamos aún que sería lo más parecido a un almuerzo real que tendríamos en esos días).

De Coyhaique partimos de inmediato rumbo a Villa Cerro Castillo. No teníamos muy claro que lugar era ese pero estaba al sur al mirar el mapa y eso nos bastaba.

El camino es impresionante, bosques que son una mezcla perfecta de colores verdosos, amarillos y rojizos, son cruzados intermitentemente por cauces de aguas y lagunas en donde el cielo se refleja tan nítidamente.

Llegamos a Villa Cerro Castillo justo cuando comienza a anochecer. Por $8000.- con desayuno incluído, alojamos en la Hospedería El Castillo donde Miryam y su madre nos atienden como si nos conocieran desde siempre. Ellas nos cuentan un poco sobre su vida en esas tierras y sobre la situación de la región con respecto al Proyecto Hidroaysén entregándonos las indicaciones para que logremos conocer por nuestra cuenta dónde se desarrollará el Proyecto. Una grata conversación con Miryam, su madre y tres residentes más del hospedaje, hacen la velada perfecta antes de irnos a descansar, llena de historias y datos para nuestro pequeño viaje. La mañana siguiente conocimos un poco más del pueblo antes de partir más hacia el sur.

IMG_4074Y ahí estamos, viajando absolutamente maravilladas con el entorno, cuando nuestro pequeño bus se detiene. Hay un vehículo volcado en el camino. Rápidamente se bajan todos los pasajeros a ayudar, por suerte no hay heridos de gravedad. El accidente no nos tomó tan de sorpresa, la noche anterior ya nos habían advertido lo frecuente que es que ocurran en la Carretera Austral.

Volvemos a nuestra ruta y nos detenemos unos minutos en Puerto Río Tranquilo donde aprovechamos de almorzar un sandwich y conversamos con la dueña del local y nuestro conductor “¿Ustedes se bajan en Bertand? ¿Y para qué? ¿Por qué no siguen mejor hasta Cochrane? Además, ahí yo bordeo todo el Rio Baker que inundará Hidroaysén. Aprovechen de conocer la Confluencia antes que desaparezca”. Cochrane se encuentra aún más al sur y conocer las confluencias de los ríos era uno de nuestro objetivos por lo que obviamente nuestra respuesta fue “Ok. Seguimos”.

Una vez en que alcanzamos bordear el Río Baker, el chofer junto a un caballero  que lo acompañaba en el recorrido me llaman adelante. Tomo el asiento que está junto a él y comienza el tour fotográfico. El mejor recorrido que se puede hacer de un lugar es que su misma gente te cuente de él. Estaba fascinada, preguntando… fotografiando… preguntando de nuevo.

“¿Van a llegar hasta Cochrane y no irán a Tortel?” Después de esa pregunta nuestro itinerario cambió nuevamente. Descansamos esa noche en Cochrane y a la mañana siguiente partimos rumbo a Caleta Tortel. Una mañana completamente fría y escarchada porque definitivamente, Cochrane es la ciudad donde he sentido más frío en mis primaverales treinta años.

IMG_4188Después de casi tres horas y tras ‘pinchar’ un neumático, llegamos a Caleta Tortel. Un lugar extraño donde todo se conecta vía escaleras y pasarelas. Una caleta bastante húmeda en la que poco y nada llega el sol. Intentamos buscar un lugar donde almorzar pero no encontramos más que una señora que nos vendió dos panes amasados a $100.- cada uno. El resto fue caminar y caminar.

El regreso a Cochrane y al día siguiente hasta Balmaceda,  se hizo más grato llevando como compañeros de viaje a gente de Tortel. Gente alegre, conversadora y dispuesta a compartir con quien estuviese a su lado.“Aaaahh si la vi a usted, estaba sacando fotos al frente de la escuela”.

Definitivamente fue un viaje muy rápido, con muy poco tiempo, cuatro días para un recorrido de dos semanas, pero fue suficiente para quedar maravillada con esas tierras. Suficiente para conocer un poco más de nuestra gente. Suficiente para querer volver por más porque la próxima vez sí:

  1. Subiré Cerro Castillo.
  2. Conoceré Bertrand.
  3. Iré a la Catedral de Mármol en Puerto Río Tranquilo.
  4. Iré a la Fiesta Bailable en Cochrane.
  5. Viajaré en bote a la Isla de los Muertos en Caleta Tortel.
  6. Dormiré al menos dos noches en Caleta Tortel.
  7. Entraré al Museo del Mate.
  8. Bailaré Chamame.