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Concibiendo un viaje

– Me gustaría alternar aldeas sencillas, recursos básicos y simpleza con playas caribeñas paradisíacas. También pasar por un par de ciudades con historia, coloniales. ¡Ah! Y también quiero bailar ritmos caribeños ¡Descalza!

– ¡Sí! Y probar comida típica.

– Síii… Ya, ok. Hagámoslo.

Y así se concibe un nuevo viaje, una nueva aventura. Llena de inciertos. Hecha de inciertos, sin tiempo, sin dinero, sin planes. Aún.

Quién sabe si se concreta finalmente, o si se concreta en las formas pensadas, en los tiempos propuestos, con las protagonistas que hoy conversan. No importa.

Cuando una idea nace con las ganas, con sabor, con aromas, con tacto como los que visualizamos hoy al pensar en centroamérica. En el mar, en la sal, en la arena, en la humedad del aire, en el sol, en la lluvia, en la fruta, en la variedad de color y formas de especies que existen ahí, en su cultura, en sus ritmos, en sus tradiciones. Cuando una idea así tan sólo es pensada y deseada, sólo puede tener la energía latente de nacer, de parir por sí misma.

Claramente espero ser yo quien esté ahí, pero ahora que dejo estas letras aquí, sé bien que podría ser usted que lee y comienza a sentir, a crear en su entorno estos aromas, estos sabores caribeños de frutas tropicales, que puede comenzar a sentir el picor de la sal de mar pegada en el cuerpo siempre húmedo y dorado por el sol y deleitarse por las más extrañas formas y colores de animales que se cruzarán por su camino.

Yo sé que iré, espero que más temprano que tarde. Espero que ahora.

Sé que esas tierras me esperan y que mi paso reciente por ahí fue tan sólo un darme ánimos para ir por más. Panamá, Costa Rica, Nicaragua,  Honduras, Guatemala, México. Ya llegaré. Sé que sí. ¿Y usted? ¿Se anima a tener su propia aventura?

Mi recomendación: viaje por sentir, por conocer con la sutileza de los sentidos. En calma, con genuino placer. Para eso sólo hay que ir y respirar.

 

Plenitud

No tendré más validación gráfica que los timbres en mi pasaporte, que bien podría decir que atesoraré por siempre con máximo cuidado pero no será así, lo más probable es que quede entre medio perdido y medio encontrado de vez en cuando en uno de los cuantos montones de recuerdos de mi vida que andan por ahí.

Este viaje no entregará títulos ni certificados, y más que una línea adicional en mi currículum profesional, será un vacío temporal que evidenciará poco más de medio año desempleada; sin embargo, estos meses, los viajes, la gente que he conocido, las experiencias, el aire, la tierra, las vivencias se me quedan tatuados en la memoria, en la piel cada día más morena, en el cabello cada día más largo, en la consciencia cada instante más despierta, en mi alma cada vez más feliz. Estos días no sólo han sido recorridos saltando de un país a otro, estos días me han terminado de llevar a un recorrido donde he transitado la máxima felicidad personal que he vivido hasta hoy, un recorrido que ha ido más allá de la felicidad, ha ido a la plenitud y a la gratitud eterna de este regalo que la vida y yo nos hemos dado.

Cumplir el sueño de una vida es algo que todos debiésemos tomar como la mayor prioridad porque hoy estoy convencida que esas ansias no son sólo personales, una pasión así debe tener mucho de divinidad.

¿Para qué la vida quería darme esto? No lo se, me queda todo el resto de ella para descubrirlo. Lo que sí puedo decir es que hoy el mundo tiene para sí una persona más absolutamente agradecida y feliz.

Gracias a todos quienes acompañan estos pasos por la tierra y espero que se entusiasmen por dar los propios. Altamente recomendable.

Sintiendo con la intensidad de un niño, simple.