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La Paz – Copacabana

Yo vi el Chungará por la ventana. Estaba apunada a pesar de mi medio litro de agua de coca. El dolor de cabeza empezaba a aparecer, no quería moverme ni para respirar, que por cierto era lo que más necesitaba, pero ya estábamos en la Aduana, así que debí bajar, poner los más de 15 kilos de mochila en la espalda y caminar unos 400 metros para llegar a inmigración. En cada paso sentía que explotaría o me desmayaría, así que sólo….respiraba…. Inhalando profuuundo y en calma, en cada paso… Ya pasará…

IMG_0566Cruzamos la frontera y de inmediato aparecen unos carros atendidos por mujeres morenas y arrugadas como pasas, con sus largas trenzas negras y esas faldas amplias, muy amplias. Ahí venden de todo: frutas, yogurth, galletas, patas de gallina, y cosas que ni supe qué eran porque yo solo quería subir a un bus y dormir. Luego, todo era verde y a ras de suelo.

Llegamos a La Paz 12 horas después de salir de Arica. La Paz es una mezcla entre el Puerto de Valparaíso y Santiago de los años ’80. Es una ciudad inmensa metida entre cerros a los casi 4000 msnm. Todo es en calles de adoquines, hacia arriba o hacia abajo. Una vez en el terminal, nos fuimos con los dos chilenos que tocaban cuecas y con una niña que viajaba sola. Entre los cinco pagamos un taxi que nos dejó en el centro donde encontramos el Hostal El Carretero.

La primera comida en Bolivia fue en un restaurant hindú. Por 30 Bs (2400 CLP/ USD 5) tuvimos un menú con sopa, plato principal y postre ¡Delicioso! Para después recorrer el famoso Paseo de las Brujas donde además de artesanía, venden todo tipo de amuletos y conjuros. Lo impactante, los canastos llenos de fetos de llamas. Es muy común y se usa para varias cosas. Es costumbre heredada por las civilizaciones antiguas. Deben tener en cuenta que Bolivia es un país con mucha presencia indígena, hoy en día tiene incluso un gobierno indígena, y es bastante común toparse con un par de ritos en la vida diaria, especialmente al alejarse de la capital. Una de las prácticas comunes al construir una vivienda es que antes de comenzar entierran un feto de llama para alejar a los malos espíritus; sin embargo, el Paseo de las Brujas es más conocido por el rumor que en ese lugar es posible encontrar todo tipo de drogas como Ayahuasca, San Pedro, Cannabis y hasta coca, que según me dijeron, era la más blanca y brillante del mundo. No gracias, too much para mí.

En ese sector se encuentra la Iglesia San Francisco. Lo interesante, a mi gusto, es la evidencia de la arquitectura barroca mezclada con un sinfín de detalles indígenas que permiten entender un poco la vida de entonces, seguramente regida por los españoles pero con gran influencia de quienes ya habitaban esas tierras.

Al día siguiente, partimos con la Fran a Copacabana. Nuestra intención era cruzar a la Isla del Sol y dormir ahí, pero no lo logramos. La última embarcación que cruzaba por el Titicaca salía a las 13.30 hrs y nosotras llegamos a las 15.00 hrs.

Copacabana es lindo, pequeño, tranquilo. En una sola calle esta la mayoría de los hostales, bares y restaurantes.  Por 30 Bs (2400 CLP) Nos quedamos en una pieza doble con baño privado y tv cable. Como tuvimos que quedarnos en el pueblo, salimos a recorrer las calles y visitamos la Iglesia levantada a la Virgen de Copacabana.

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Caso anecdótico fueron tres niños que se me acercaron a pedir algo que nunca entendí, sólo sé que la Virgencita bendeciría a mi familia o algo así, y en mi insistencia de que me hablaran más claro y más lento para poder entenderlos, finalmente recibí un: ¿Es que Usted no habla español? ¡¿Habla inglés??! Aahhh definitivamente, a veces, me costó entender el idioma boliviano ¿Será que estoy demasiado acostumbrada al imperfecto chileno?

Saliendo de la Iglesia se nos acerca un estupendo morenazo al que agradecimos sonrientes su amabilidad al ofrecer sacarnos una fotografía. En las siguientes horas, los tres recorrimos juntos la única calle que a esa hora mantenía vida, la recorrimos una, dos, tres, cuatro, hasta unas cinco veces. Recorrimos las diferentes artesanías, cenamos y reímos a destajo junto a nuestro nuevo amigo de España quién nos contaba sobre su vida en Valparaíso, su recorrido por el camino del inca hasta llegar a Machu Pichu y sobre lo impactante del voluntariado que había terminado hace pocos días. “Allá solo hablan aymará….¿Ven estos de aqui? La mujer ni siquiera recuerda cómo se llaman sus hijos… no es importante… lo importante es ver si comerán ese día.  Y esto es aquí, a unas horas de Copacabana”.

Al día siguiente nosotras cruzaríamos a las 8.30 hrs a Isla del Sol. Quedamos de reunirnos los tres a las 8.15 en el muelle. A las 8.30 nuestro nuevo amigo no llegaba y subimos a la lancha. En el mismo instante que partíamos lo vimos llegar corriendo para alcanzar alguna de las embarcaciones. Se subió tres lanchas más allá y no volvimos a vernos.

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IMAGENES DE BOLIVIA- La Paz/Copacabana

Volcán Licancabur

¿Subir?¿El Licancabur? …Mmmm?

Para cualquier adicta a San Pedro de Atacama, una invitación a subir el Volcán Licancabur resulta altamente tentador, así que debo haber tardado tan sólo un par de días en guardarme los ‘peros’ y en decir: Voy.

Montañista como tal no he sido nunca, dos veces el curso básico de montaña, uno de escalada y varias salidas a cerros cerca de Santiago es lo máximo que puedo decir de mí, aún cuando mis amigos sedentarios me imaginen subiendo el Everest cada vez que digo que iré al cerro el fin de semana.  Por lo mismo, mi máxima altura había sido los 4.200 de Cerro Pintor y unas cuantas noches apunada en Cancha de Carreras. Subir ahora subir los 5.900 msnm del Licancabur, así nada más, me ponía algo nerviosa.

Un par de semanas trotando 45 minutos y una noche en los 3.800 msnm y listo, partí en el vuelo rumbo a Calama.

El viernes 7 de diciembre  llegué a Calama, a medio día. Ahí comenzó a reunirse el grupo poco a poco. Partimos de inmediato a comprar todo lo necesario para la salida y en la tarde de ese mismo día ya estábamos en San Pedro de Atacama donde alojamos por $10.000 CLP por persona. Esa noche preparamos raciones de marcha y todo lo necesario.

Sábado 8: A las 8.30 hrs. nos pasaron a buscar a la frontera en Chile. Pasamos por migración y partimos en un transfer rumbo a Bolivia, lo cual toma alrededor de una hora.

IMG_5392En la frontera con Bolivia cambiamos al jeep que nos llevaría hasta el refugio. Estamos en la Reserva Nacional de Fauna Eduardo Avaroa, es en este lugar donde se encuentra el acceso al Licancabur (unos 15 minutos en vehículo).

Para dormir en el refugio pagamos $5000 CLP  p/p.- y utilizamos dos botellas de vino para negociar el uso de la cocina. El refugio es bastante cómodo, siempre y cuando recuerden que es un refugio de alta montaña. Ese primer día lo utilizamos para aclimatarnos. Estábamos a 4.300 msnm. y aprovechamos de pasear por las lagunas, fotografiar flamencos y otras aves; y disfrutar el escenario que ofrece el altiplano.

Durante la tarde comenzó a caer lluvia y nieve y así, nuestro ascenso estuvo peligrando. Sólo nos quedó entrar, observar las nubes por la ventana y dormir esperando que el clima mejorara. Por suerte, la fugaz tormenta se detuvo alrededor de las 23.00 hrs.

Domingo 9: Nos levantamos a las 2 AM. Desayunamos como corresponde para este día y nuestro guía nos llevó a la zona donde comienza la ascensión. Unos 20-30 minutos en vehículo. Antes de comenzar hicimos un pequeño ritual para pedir permiso a la Pachamama y agradecer estar ahí.

Comenzamos a caminar poco después de las 3 AM desde los 4.600 msnm.  Aún estaba todo a oscuras, iluminado sólo por nuestras linternas frontales. Los primeros 30 minutos fueron horribles para mí. Sin malestar de mareos ni náuseas ni dolor de cabeza, clásicos del mal de puna. No, no sentí nada de eso, pero el aire definitivamente no entraba, esa era mi sensación, me costaba mucho respirar. Me quedé atrás con Pedro, el guía, para permitir que el grupo pudiera avanzar.

Pasado las 5 AM comenzó a amanecer. Entonces yo me sentía mucho mejor y ya disfrutaba el ascenso. Se formaron dos grupos, el que haría cumbre (3 personas) y los que íbamos hasta donde pudiéramos (otras 3 personas). Nosotros nos quedamos con el guía.

“Pedro, cuánto tardas en llegar tú sólo a la cumbre”.

“Unas dos horas, a veces, tres”.  (Lo normal es tardar cerca de 5-6 horas).

“Y usted señorita ¿Nunca hace esto? Cómo se sintió mal al principio”.

“Si Pedro, pero poco y lo más alto que había llegado era 4.200 msnm.”

“¡Señorita pero eso no es nada!”

“Pedro, tú vives en los 4.300. Yo vivo a 500 msnm.”

“Aaahh bueno, eso sí”.

“Pedro, ¿Has ido alguna vez a Santiago, o a Antofagasta que es más cerca?”.

“No, nunca. A San Pedro he ido a veces y una vez a Potosí”.

Y yo recordaba Santiago con esos enormes edificios que compiten entre sí por ser el más alto y por los cuales, poco y nada de cielo y cordillera nos queda por ver, mientras miraba a Pedro sentado a mi lado, observando juntos el valle a los pies de estos Volcanes.

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“En Santiago ya estamos todos locos Pedro, tenemos edificios tan altos que ya casi no vemos la montaña, la gente corre todo el tiempo, siempre estamos apurados. Todo el mundo tiene estrés, así que pagamos gimnasios para mover un poco el cuerpo y  otros, pagamos en centros donde hacemos yoga  para ver si nos acercamos un poco a la espiritualidad”.

Pedro se reía y a mí, todo lo que yo misma contaba, me parecía tan absurdo y vergonzoso al estar sentada ahí, mirando el mundo, como si la misma tierra me dijese: Yo siempre estoy aquí. Debajo de todo eso, sigo ahí.

Del grupo fui la primera en bajar, la experiencia hace lo suyo y sabía que 20 minutos más de ascenso arriesgaba a serios malestares que no valían la pena. Estábamos en una pirca en los 5.300 msnm. y someterme al mal de puna por 50 metros hacia arriba no hubiese sido sensato entendiendo que aún queda bajar de la montaña.

Los otros dos que conformaban este segundo grupo decidieron probar un poco más. Pasaron 15 minutos y bajaron destruidos en un comienzo, lo que confirmó que mi decisión fue correcta y que las salidas anteriores ya algo me habían enseñado. Gracias a esa decisión logré disfrutar también el descenso y llegué al refugio con el ánimo suficiente para preparar un buen plato de pastas para los valientes que caminaron hasta la cumbre del Licancabur.

Del primer grupo, los tres lograron hacer cumbre a los 5.916 msnm y uno se bañó en lo que sería la laguna más alta del mundo. Cuando ví esas imágenes, lo disfruté como si yo misma hubiese estado ahí.

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A las 15.00 hrs ya estábamos todos en el refugio, almorzamos y a las 16.30 hrs llegó el transfer a buscarnos para llevarnos de regreso a San Pedro de Atacama.

El viaje fue corto e  intenso pero lindo. Tuvimos tiempo de pasear y maravillarnos con el altiplano que en lo personal me encanta. Un escenario repleto de un fondo de montañas, volcanes y lagunas para mí es suficiente para que valiese la pena. Aumentar mi techo en montaña mil metros, es otra satisfacción y un incentivo para entrenar y una próxima vez estar lista ante cualquier oportunidad. Sobretodo ahora que visualizo brindarme una próxima oportunidad hermosa y desafiante.

Las negociaciones en la frontera siempre son ‘raras’. Nosotros logramos negociar transporte en San Pedro de Atacama. El guía lo negociamos allá mismo en el refugio. Pagamos $60.000 CLP por los seis, sin embargo, lo mismo pudieron cobrarnos 100.000 o 40.000, así que la recomendación es siempre que el trato lo haga el mejor negociante del grupo porque eso sí, no los dejarán subir sin uno de sus guías autorizados.

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