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Raúl Marín Balmaceda – Parque Nacional Queulat – Puerto Cisnes

Nos hubiésemos quedado días en Puerto Raúl Marín Balmaceda pero queda mucho por recorrer, damos una vuelta por la plaza, por el cementerio, pequeño y con las tumbas adornadas de muchas flores, y regresamos para abordar la barcaza de las 14:00 hrs.

Pasamos por La Junta por tercera vez y seguimos el camino rumbo a Puyuhuapi. Hay trabajos en la ruta y hay que tener doble precaución en el camino, incluso considerar que hay tramos donde el acceso está cerrado durante algunas horas para poder detonar los explosivos sin problemas. El mal estado del camino nos hace tardar un poco más de lo esperado y nuestro objetivo al día siguiente es hacer el sendero que lleva al Ventisquero Colgante en el Parque Nacional Queulat. Avanzamos un poco más al sur de Puyuhuapi y siendo las 21:00 hrs encontramos el Camping Las Toninas donde por $10.000 (valor de un sitio) podemos armar nuestras dos carpas. La noche está increíblemente estrellada, no hay luna, no hay luz y jugar a descubrir las constelaciones es la entretención de la noche.

Atardecer en Camping Las Toninas (Puyuhuapi)
Atardecer en Camping Las Toninas (Puyuhuapi)

Estamos en la Patagonia y es verano, por tanto, el anochecer es un proceso extenso, de varias horas. El camping está a orillas del mar que entra por la bahía por lo que es difícil creer que no es uno más de los lagos sureños. Un par de pescadores intentan capturar algo desde el pequeño muelle de piedras y rocas, los fotografío una y otra vez mientras observo cómo lentamente el cielo comienza a oscurecer, como una película en cámara lenta veo pasar los tonos anaranjados, el color rosa del arrebol, los tonos púrpuras y azulosos, hasta que finalmente llega la noche oscura iluminada por este espectáculo de estrellas.

El amanecer en Camping Las Toninas también tiene lo suyo y la fresca mañana se entibia con las sopaipillas recién hechas por Belén, la chica que nos recibe al llegar. Así, “con la guatita llena y el corazón contento”, partimos rumbo al Parque Nacional Queulat donde se encuentra el sendero al Ventisquero Colgante. En general es un trekking sencillo, con mediana dificultad la cual está dada sólo por la pendiente que se eleva y no por algún tipo de cruce peligroso. Nosotros caminamos a paso moderado, disfrutando el paisaje entre los altos bosques, fotografiando la vegetación y fauna minúscula que se encontraba alrededor. Dos horas y media nos tomó llegar frente al Ventisquero Colgante para apreciar el hermoso escenario que se desarrollaba frente nuestro. Unos cuantos minutos ahí y descendemos por el mismo camino para volver una vez más a “Las Toninas”.

Bosque Parque Nacional Queulat
Bosque Parque Nacional Queulat

Esa misma tarde levantamos campamento y continuamos hacia el sur por la Ruta 7 con el objetivo de dormir esa noche en la localidad de Puerto Cisnes.

A Puerto Cisnes llegamos cuando comenzaba a anochecer e inmediatamente encontramos una cabaña equipada para tres personas por $35.000 (CLP) y una cena de Salmón a la plancha con un toque de albahaca ($7000.- aprox). Perfecto para terminar el día.

La Junta – Claro Solar – Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Amanecemos en La Junta. Me cuesta creer que la mañana anterior estaba en Santiago. Aún no han pasado 24 horas desde que llegué a la Patagonia y se siente cómo si llevase días acá. El exquisito aroma a bosques húmedos y a leña recién encendida entre la bruma de la mañana es tan confortable que quiero sentir que llevo días en este lugar.

Hoy partimos rumbo a Puerto Raúl Marín Balmaceda, pero durante la conversa de la noche anterior, un viajero nos dio el dato de visitar un lugar a los pies del Barros Arana, “es como de película” dijo, así que antes de dirigirnos hacia la costa, regresamos unos 12 km hacia el norte para adentrarnos en lo que creemos que es el camino que nos lleva al lago a los pies del cordón del Barros Arana. El camino es precioso y cuesta avanzar sin detenernos a tomar una y otra fotografía. Al cabo de unos 15 km, que entre tanta fotografía tardamos el doble lo que debiéramos, ahí está, el Lago Claro Solar, a los pies del cordón montañoso, entre bosques y campos de los pocos lugareños que habitan estos valles. Buscamos un camino por donde bajar a la orilla y sin querer ni darnos cuenta estamos en casa de la Sra. Julia San Martín quien nos recibe con toda su hospitalidad sureña para contarnos un poco sobre la vida en estas tierras. Así se nos van las horas entre las matas de orégano secándose en la ventana, entre historias sobre cómo cambió sus días en Futaleufú para venir con su marido a este lugar, en cómo levantaron su casa tras un incendio que los dejó con lo puesto tan sólo tres años después de haber llegado, “Mira, lo más importante es la vida y la salud, todo lo que pierdas ahora lo vas a recuperar, si yo pude levantar mi casa cuando me quedé hasta descalza. Viaja, conoce y después recuperarás todo pero con otras vivencias”.

Valle Claro Solar

Se nos pasaron las horas entre conversas, los animales y el invernadero de la Señora Julia. Enriquecidos de este encuentro, finalmente bajamos a los pies del lago. La vista es preciosa, el sol fuertemente encendido sobre nuestras cabezas y el agua cristalina a los pies de la montaña. Rápidamente quitamos nuestras ropas y nos lanzamos de cabeza a las aguas del Claro Solar. ¡Ahora sí me siento en plena Patagonia!

Y así, tantas horas nos quedamos hipnotizados a los pies del Barros Arana, entre los Valles de Mirta, del Cuarto y del Quinto, que hemos perdido la última barcaza que nos cruzaría al Puerto Raúl Marín Balmaceda. Siendo las 18:00 hrs, 62 Km nos separan entre el letrero que nos indica que la última barcaza ha cruzado a las 17:30 hrs y el lugar donde debíamos abordarla. Hay un rumor que por la temporada el horario se ha extendido pero nadie sabe decirnos el horario final. Hay que tomar decisiones así que tras un rápido almuerzo en La Junta, acordamos avanzar los 62 km que nos quedan por delante. Son las 20:30 hrs y un nuevo aviso, justo en el muelle, indica que la extensión del horario es hasta las 19:00 hrs, pero nosotros tenemos todo lo que necesitamos arriba de nuestras cuatro ruedas por lo que acampar en una explanada que encontramos al final del camino no es ningún problema, al contrario, el lugar es una belleza, el mar entrando en la bahía está a nuestros pies, la vegetación húmeda a nuestras espaldas guarda el sonido de las aves y el croar de ranas que oímos por todos lados pero que no se dejan ver. El único punto en contra son esos pequeños pero molestos zancudos atentos a cualquier zona de piel descubierta donde poder atacar, aún así logramos cenar bajo el cielo estrellado y a dormir con nuestro coro de ranas ocultas.

Anochecer esperando la barcaza
Anochecer esperando la barcaza

Son las 6:30 am y ya estamos en pie. Rápidamente tomamos desayuno y levantamos el campamento. A las 8:30 en punto logramos cruzar en la Barcaza Steffen y a las 10 am ya estamos en la playa, en el sector denominado la Puntilla, con 25 km de costa sólo para nosotros, según nos dijo un lugareño. Para nosotros y esos pequeños e insistentes tábanos que atacan una y otra vez. El día esta soleado y con tanta costa que recorrer. “Saldré a correr por la playa” así parto hipnotizada por el lugar, corriendo feliz a orilla de un tranquilo Pacífico y ahí atrás y por encima de mi cabeza vienen ellos, los tábanos, corriendo junto conmigo, con su interminable zumbido y uno que otro picoteo en la espalda, en el brazo. Sigo corriendo mientras aleteo de vez en cuando para quitarlos de encima pero nada resulta. ¡Agua! “Me meteré al agua” los amenazo y poco a poco voy entrando al mar pero ellos siguen alrededor de mi cabeza, entro otro tanto más y algo se mueve mar adentro, me quedo quieta esperando y ahí están, tres toninas nadan a unos cien metros de donde estoy parada. Estoy tan maravillada que no se si los tábanos se han ido o ya no los oigo ni me molestan sus picadas ¡Son toninas y están ahí, tan cerca!

El resto de la mañana fue más toninas, más baño en el mar, más sol, y claro, más tábanos kamikazes que no importa lo que hiciera, ellos arremetían una y otra vez ¡Guerra de agua! Y el experto volador esquivaba las gotas de agua lanzándose en picada contra mí pero bueno, es parte de nuestras costas sureñas y parte importante que no se puede obviar, ni esquivar. Paciencia y valor no más y si alguien quiere entretenerse, hay decenas de secretos caseros para espantarlos, que en mi opinión personal, poco resultan pero no se pierde nada con intentar. Eso sí, procuren evitar vestir de negro, los atrae aún más.

Puerto Raúl Marín Balmaceda. La Puntilla
Puerto Raúl Marín Balmaceda. La Puntilla