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Nepal: Re-conociendo Thamel

Tres horas logré dormir cuando desperté de pie en la puerta con mis documentos encima, los zapatos ya puestos, la chaqueta, la  linterna y el teléfono. Otra de las fuertes réplicas y con mi cultura sísmica chilena, en dos segundos estaba alerta. Eran alrededor de las 5 am y ya pronto amanecería. Aproveché el impulso para ducharme y arreglar mi mochila para buscar un hotel acorde a mi presupuesto. “Por favor Pachamama dame cinco minutos para bañarme. Prometo no demorar”. Bajé por el desayuno buffet procurando llenar bien el estómago ya que no sabía a que hora encontraría comida nuevamente. De todos modos a las 7am ya no había mucha opción porque al parecer los turistas que por seguridad durmieron en el jardín, y que no eran pocos, desayunaron más temprano que yo y claramente con el mismo resguardo de asegurar la comida.

A las 9 am ya estaba en el Hostel que tenia visto; sin embargo, los turistas que pasaron allí la noche habían huido al amanecer y si ellos se fueron era ilógico que yo me quedara. Caminé un tanto por Thamel con mis mochilas acuestas pero era muy difícil encontrar un hotel seguro si parecían que todos se podrían caer con un nuevo terremoto y las réplicas estaban a la orden del día. Lo más seguro eran las “plazas” y los resort, en las primeras no quería dormir sola, y en el segundo, podría pagar un par de noches pero dada la incertidumbre de todo yo debía asegurar más que eso.

Volví al resort y me fui directo al jardín donde me conecté a WiFi e hice cuanta averiguación pude a través de las redes sociales, mi gran ayuda en estos días. A través de las mismas recibí la dirección de correo del cónsul de Chile y de Argentina, les escribí a ambos. Al parecer mi correo al cónsul de Chile no resultó muy bien, la dirección estaba errada, pero él mismo se puso en contacto conmigo, el problema es que llegaría al día siguiente. La cónsul de Argentina me respondió de inmediato.

Conseguí el dato de dos hoteles así que tomé mis cosas y salí nuevamente. El primero no lo encontré y el segundo, parecía una construcción lo suficientemente sólida sino fuese porque en el momento de entrar vino otra de las réplicas fuertes y durareras, tanto que me dio tiempo para observar con detención el oscilamiento de los dos pisos superiores del edificio adyacente amenazando en caer encima. Cuando el movimiento se detuvo mucha gente me miraba y gritaba “The building!!! Fast!! Fast!!”…. “I know it!!!” Respondí mientras corría mirando que no cayera encima. Aún mientras yo temblaba, el tipo que me gritó me ayudó a pasar mis mochilas por la ventana. Así habían resuelto el peligro del edificio a punto de caer, utilizaban la ventana que daba a la otra calle para entrar y salir. Me quedé unos instantes mientras intentaba volver a razonar. Definitivamente con esa imagen  en mi cabeza no podría dormir. El lugar más seguro que conocía era el resort.

Volví nuevamente esperando que los hostel adyacentes fueran mejor opción. Finalmente me quedé en la casa contigua. Era un pequeño hostel hogareño sin luz, sin WiFi y sin comida pero tenía solo dos pisos y eso se agradece en esta ocasión. Thamel es un barrio lleno de callejones estrechos con edificios viejos que amenazan en caer con cada réplica, encontrar el sitio seguro donde dormir no es fácil y equivocarse puede terminar en algo más que un gran susto; sin embargo, los turistas nos las arreglábamos en encontrar espacios seguros, sólo que era casi imposible avisar dónde. En general la gente casi no duerme adentro, excepto yo y supongo que se debe a los dos terremotos que ya he vivido en Chile, por lo que la casa estaba casi vacía. Pedí la primera habitación, justo al lado de la ancha puerta de salida. Aún estaba asustada con la imagen del vaivén de aquel edificio, ahora no tenia luz ni comunicación, estaba sola en un país con otro idioma y con mi escaso inglés atarzanado. Además no sabia nada de mi vuelo al día siguiente, quería salir a buscar gente pero ya no tenía siquiera cómo comunicarme para comenzar por algún lugar, entonces por primera vez colapse e hice lo más coherente en ese instante, lloré sin culpas y dormí.

Creo que fue la única vez que dormí profundamente por un par de horas. Al despertar, cerca de las 5 de la tarde,  aseguré una botella con agua, tomé mis documentos, teléfono, cargador y mi linterna. Me fui a caminar por Thamel una vez más, algo se me ocurriría. Encontré abierto el restaurant chino que vendía solo fried rice para los turistas por casi dos dólares así que me aseguré mi porción de arroz con huevo revuelto del día y ¡Cargué mi teléfono! Sí, porque los chinitos tenían su electricidad y hasta con televisión donde transmitían las condiciones de Nepal. No era necesario entender el idioma, las imágenes hablaban por sí mismas. Los chinos estaban muy bien organizados, aseguraban mejor comida para mantenerse ellos (comida con carne) y se ocupaban de vender arroz a los turistas a un precio más que justo. Además vi que tenían un letrero de Chinesse volunteering.

Lo malo de encontrar electricidad en estas condiciones es que no hay nada más que hacer que sentarse junto al aparato y esperar. Cuando ya llevaba casi media hora observando por la ventana al cuervo que me gritaba desde lo que quedaba de techo de la casa del frente se me ocurrió aprovechar para escribir en el blog de notas del celular, texto que luego envié por correo a una amiga que lo publicó en mi web, fue la última vez que tuve conexión. Lo mismo hago en este instante en el baño del aeropuerto mientras mi teléfono esta enchufado a la única carga que encontré y espero la salida del vuelo que ya lleva tres horas de retraso. Claro, el baño no es un lugar apetecible así que disminuye la demanda del toma corrientes. Es increíble cuando llega al fin el avión esperado, la gente grita, ríe y celebra.

El aeropuerto es un caos con gente durmiendo afuera de él, gente durmiendo en el área del check in y aún más gente durmiendo acá en la zona de las Gates esperando que al fin salga su vuelo. Algunos llevan dos días acá, en buen estado pero incomunicados.

Yo tengo sentimientos encontrados quiero tomar el vuelo porque ya se me acaban las energías para ver donde dormir y donde comer cada día pero por otro lado no quiero dejar Nepal en estas condiciones, aunque claro hoy con suerte me ayudo yo misma, y bien digo, con mucha suerte de mi lado. Definitivamente la energía y cariño de toda mi gente me acompaña.

(perdon las faltas pero esta vez lo arregle desde un teclado tailandes y no encuentro acentos).

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Aparecida en Nepal

Tengo en pausa el blog porque anduve dos semanas metida en las montañas de los Himalayas y ahí es bien difícil escribir.
Hoy ya estoy de regreso en Kathmandú y me voy a saltar un mes de viaje para contar un poco del día de ayer. Primero porque agradezco profundamente haber estado en un sitio seguro cuando fue el terremoto, segundo porque las muestras de preocupación y cariño han sido inmensas y si bien mi preocupación era comunicarme antes que los noticiarios dieran a conocer el desastre, me ha conmovido el tremendo movimiento nacional por saber de mí, y tercero, porque creo que yo misma necesito saberme no desaparecida.

La buena estrella siempre me acompaña, con la familia y amigos siempre bromeamos con ello aunque sabemos que tiene mucho de cierto, y esta vez no fue la excepción. Tras dos semanas caminando por el Circuito de Annapurna y viendo avalanchas incluso en ese trayecto, ayer sábado habíamos dejado la ciudad de Pokhara a las 7:30 am. en dirección  a la capital, Kathmandu. En el terminal, mientras bebía mi black tea y comía mi pan con canela vi a muchos trekkers que hicieron la ruta en los mismos días.

No se cuánto avanzamos porque en cuanto el bus se puso en movimiento yo me desvanecí en el sueño pero no creo que haya pasado mucho tiempo para cuando avisaron el breakfast break que en realidad yo utilicé como toilete break y como un buen momento para seguir conociendo gente, en este caso una pareja española que estaban con mi ya amigo español, Domingo.

Continuamos el trayecto mientras yo continué durmiendo. Nos detenemos Lunch break. Bajé del bus para estirar las piernas mientras mi amigo Mau se reía de mi rostro aún dormido. Yo había decidido no almorzar hasta llegar a Kathmandu probablemente a las 14:00 hrs. pero el olor a comida al entrar al recinto despertó al menos mi tripa. Salí buscando a Mau “Mau ¿Vas a comer algo?” ” No, yo no voy a comer“. Ok, en realidad comería de glotona, no tenía hambre y aún me quedaba de la fruta que me había dado Purna horas antes.

Caminé buscando un lugar donde sentarme cerca del pasto, no creo haber dado mucho más de diez pasos cuando comenzó el ruido de los vidrios agitándose y las piedras y maceteros cayendo desde lo alto. No entendía nada pero claramente debía correr en dirección contraria. Mientras corría alejándome, volvía sobre mis pasos queriendo saber qué pasaba adentro, si la gente lograba salir. Caían más piedras y volvía a alejarme para volver de nuevo hacia atrás. Entonces vi un caballero saltar del segundo piso y correr. Corrí otro poco más hasta ver que al otro lado de la carretera una pequeña casa se desmoronaba. Creo que en ese momento recién desperté “Esto es un fuerte temblor y si nada cae encima ya no hay donde más correr. Ale tú ya sabes de estas cosas“. Entonces me quedé parada mirando, analizando lo que sucedía. Cuando se detuvo quise ir a mirar dentro del recinto pero el movimiento comenzó de inmediato a repetirse. Eso sucedió al menos 3 o 4 veces. No hubo ningún herido. Tras unos veinte minutos y aún con réplicas continuamos en dirección a Kathmandu. Mientras avanzábamos veía muros completamente caídos, toda la gente afuera, en la calle o en los campos, el bus esquivando rocas y tierra caída desde los cerros. Cuando pasamos un pueblo que atendía gente en las camillas fuera del pequeño hospital recién sospeché la magnitud “Esto fue un terremoto“. No quise hacer ningún comentario, Purna aún no lograba comunicarse con su familia en Kathmandu y Mau esperaba abordar su vuelo de regreso a Brasil. A mí sólo se me apretaba más y más la garganta “Que Kathmandu este bien, Que Kathmandu este bien; Que pueda comunicarme con mi familia antes que vean las noticias”.

Tras unas horas más llegamos a Kathmandu pero el tráfico nos detuvo en la entrada. Más casas en el suelo y nada sabíamos. Las comunicaciones muertas. Bajé nuevamente del bus y encontré la pareja de españoles, ellos confirmaron todas mis sospechas “¿Ya sabéis lo que ha pasado? Esto ha sido un terremoto. Hay muchos muertos en Kathmandu. Ahora nos hemos comunicado con nuestras familias en España y ya está en todos los noticieros“… “Que mi familia no se entere aún… Que mi familia no se entere aún”.

Purna finalmente logró que alguien se acercara a buscarnos y nosotros caminamos mochilas al hombro para avanzar el gran taco de buses y camiones. Cuando nos acercábamos a Thamel vimos la gente acampando a orillas del río en una suerte de carpas improvisadas con mantas amarradas, también se podía sentir el olor a alcantarilla que claramente estaba fuera de lugar.

Con esas ultimas imágenes llegué al hotel. Feliz por tener un lugar seguro esa noche, por comunicarme al fin con mi familia y amigos y aunque las replicas durante toda la noche no me dejaron dormir, lo cierto es que estaba mejor que muchos en Kathmandu, y eso también duele.