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Volcán Licancabur

¿Subir?¿El Licancabur? …Mmmm?

Para cualquier adicta a San Pedro de Atacama, una invitación a subir el Volcán Licancabur resulta altamente tentador, así que debo haber tardado tan sólo un par de días en guardarme los ‘peros’ y en decir: Voy.

Montañista como tal no he sido nunca, dos veces el curso básico de montaña, uno de escalada y varias salidas a cerros cerca de Santiago es lo máximo que puedo decir de mí, aún cuando mis amigos sedentarios me imaginen subiendo el Everest cada vez que digo que iré al cerro el fin de semana.  Por lo mismo, mi máxima altura había sido los 4.200 de Cerro Pintor y unas cuantas noches apunada en Cancha de Carreras. Subir ahora subir los 5.900 msnm del Licancabur, así nada más, me ponía algo nerviosa.

Un par de semanas trotando 45 minutos y una noche en los 3.800 msnm y listo, partí en el vuelo rumbo a Calama.

El viernes 7 de diciembre  llegué a Calama, a medio día. Ahí comenzó a reunirse el grupo poco a poco. Partimos de inmediato a comprar todo lo necesario para la salida y en la tarde de ese mismo día ya estábamos en San Pedro de Atacama donde alojamos por $10.000 CLP por persona. Esa noche preparamos raciones de marcha y todo lo necesario.

Sábado 8: A las 8.30 hrs. nos pasaron a buscar a la frontera en Chile. Pasamos por migración y partimos en un transfer rumbo a Bolivia, lo cual toma alrededor de una hora.

IMG_5392En la frontera con Bolivia cambiamos al jeep que nos llevaría hasta el refugio. Estamos en la Reserva Nacional de Fauna Eduardo Avaroa, es en este lugar donde se encuentra el acceso al Licancabur (unos 15 minutos en vehículo).

Para dormir en el refugio pagamos $5000 CLP  p/p.- y utilizamos dos botellas de vino para negociar el uso de la cocina. El refugio es bastante cómodo, siempre y cuando recuerden que es un refugio de alta montaña. Ese primer día lo utilizamos para aclimatarnos. Estábamos a 4.300 msnm. y aprovechamos de pasear por las lagunas, fotografiar flamencos y otras aves; y disfrutar el escenario que ofrece el altiplano.

Durante la tarde comenzó a caer lluvia y nieve y así, nuestro ascenso estuvo peligrando. Sólo nos quedó entrar, observar las nubes por la ventana y dormir esperando que el clima mejorara. Por suerte, la fugaz tormenta se detuvo alrededor de las 23.00 hrs.

Domingo 9: Nos levantamos a las 2 AM. Desayunamos como corresponde para este día y nuestro guía nos llevó a la zona donde comienza la ascensión. Unos 20-30 minutos en vehículo. Antes de comenzar hicimos un pequeño ritual para pedir permiso a la Pachamama y agradecer estar ahí.

Comenzamos a caminar poco después de las 3 AM desde los 4.600 msnm.  Aún estaba todo a oscuras, iluminado sólo por nuestras linternas frontales. Los primeros 30 minutos fueron horribles para mí. Sin malestar de mareos ni náuseas ni dolor de cabeza, clásicos del mal de puna. No, no sentí nada de eso, pero el aire definitivamente no entraba, esa era mi sensación, me costaba mucho respirar. Me quedé atrás con Pedro, el guía, para permitir que el grupo pudiera avanzar.

Pasado las 5 AM comenzó a amanecer. Entonces yo me sentía mucho mejor y ya disfrutaba el ascenso. Se formaron dos grupos, el que haría cumbre (3 personas) y los que íbamos hasta donde pudiéramos (otras 3 personas). Nosotros nos quedamos con el guía.

“Pedro, cuánto tardas en llegar tú sólo a la cumbre”.

“Unas dos horas, a veces, tres”.  (Lo normal es tardar cerca de 5-6 horas).

“Y usted señorita ¿Nunca hace esto? Cómo se sintió mal al principio”.

“Si Pedro, pero poco y lo más alto que había llegado era 4.200 msnm.”

“¡Señorita pero eso no es nada!”

“Pedro, tú vives en los 4.300. Yo vivo a 500 msnm.”

“Aaahh bueno, eso sí”.

“Pedro, ¿Has ido alguna vez a Santiago, o a Antofagasta que es más cerca?”.

“No, nunca. A San Pedro he ido a veces y una vez a Potosí”.

Y yo recordaba Santiago con esos enormes edificios que compiten entre sí por ser el más alto y por los cuales, poco y nada de cielo y cordillera nos queda por ver, mientras miraba a Pedro sentado a mi lado, observando juntos el valle a los pies de estos Volcanes.

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“En Santiago ya estamos todos locos Pedro, tenemos edificios tan altos que ya casi no vemos la montaña, la gente corre todo el tiempo, siempre estamos apurados. Todo el mundo tiene estrés, así que pagamos gimnasios para mover un poco el cuerpo y  otros, pagamos en centros donde hacemos yoga  para ver si nos acercamos un poco a la espiritualidad”.

Pedro se reía y a mí, todo lo que yo misma contaba, me parecía tan absurdo y vergonzoso al estar sentada ahí, mirando el mundo, como si la misma tierra me dijese: Yo siempre estoy aquí. Debajo de todo eso, sigo ahí.

Del grupo fui la primera en bajar, la experiencia hace lo suyo y sabía que 20 minutos más de ascenso arriesgaba a serios malestares que no valían la pena. Estábamos en una pirca en los 5.300 msnm. y someterme al mal de puna por 50 metros hacia arriba no hubiese sido sensato entendiendo que aún queda bajar de la montaña.

Los otros dos que conformaban este segundo grupo decidieron probar un poco más. Pasaron 15 minutos y bajaron destruidos en un comienzo, lo que confirmó que mi decisión fue correcta y que las salidas anteriores ya algo me habían enseñado. Gracias a esa decisión logré disfrutar también el descenso y llegué al refugio con el ánimo suficiente para preparar un buen plato de pastas para los valientes que caminaron hasta la cumbre del Licancabur.

Del primer grupo, los tres lograron hacer cumbre a los 5.916 msnm y uno se bañó en lo que sería la laguna más alta del mundo. Cuando ví esas imágenes, lo disfruté como si yo misma hubiese estado ahí.

cumbre licancabur

A las 15.00 hrs ya estábamos todos en el refugio, almorzamos y a las 16.30 hrs llegó el transfer a buscarnos para llevarnos de regreso a San Pedro de Atacama.

El viaje fue corto e  intenso pero lindo. Tuvimos tiempo de pasear y maravillarnos con el altiplano que en lo personal me encanta. Un escenario repleto de un fondo de montañas, volcanes y lagunas para mí es suficiente para que valiese la pena. Aumentar mi techo en montaña mil metros, es otra satisfacción y un incentivo para entrenar y una próxima vez estar lista ante cualquier oportunidad. Sobretodo ahora que visualizo brindarme una próxima oportunidad hermosa y desafiante.

Las negociaciones en la frontera siempre son ‘raras’. Nosotros logramos negociar transporte en San Pedro de Atacama. El guía lo negociamos allá mismo en el refugio. Pagamos $60.000 CLP por los seis, sin embargo, lo mismo pudieron cobrarnos 100.000 o 40.000, así que la recomendación es siempre que el trato lo haga el mejor negociante del grupo porque eso sí, no los dejarán subir sin uno de sus guías autorizados.

IMÁGENES LICANCABUR

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