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Santiago – Coyhaique – La Junta

Tras aplazar el vuelo tres días porque las heridas de los molares aún no sanaban bien, la etapa de viajes ha comenzado al fin. El primer tramo, dentro de Chile, al sur de mi país, la Carretera Austral.

Inicialmente debía partir en Puerto Montt pero debido al atraso, el recorrido comienza desde Coyhaique.

El vuelo salió aproximadamente a las 7:30 am desde el aeropuerto de Santiago. En estos instantes que vuelo ya sobre la Patagonia se vuelve agobiante pensar en el número de veces que estaré en este mismo escenario , en distintas partes del mundo, entonces viene una de las primeras lecciones de esta etapa: “Estoy aquí y existe el ahora. Todo lo demás escapa a mi control y todo aquello que hoy cabe en el ahora es nuevo, ya no forma parte de mis rutinas y por tanto, requiere de toda mi atención. Hoy el potencial está en este instante, en este momento”. Y en el hoy, en el ahora, sólo veo nubes. Volamos sobre nubes, volamos bajo nubes y pequeñas turbulencias que sacuden levemente el avión, así lo dejan en claro.

10:10 am ya estamos aterrizando en Balmaceda y ya comienzo a ver la tierra abajo nuestro “Cielos cubiertos” dijo el piloto, “Temperatura 15ºC”.

Bajando del avión encuentro de inmediato un transfer que por $5000 (CLP) me lleva hasta Coyhaique. Es domingo y todo está cerrado, o casi, farmacias abiertas, un par de cyber y uno que otro lugar para comer. El primero, menú de almuerzo por $6.800 (CLP): Crema de verduras, carne de cordero y papas, el postre es cerezas. No incluye bebida por lo que el almuerzo será de $10.000 CLP. Paso.

Camino  por la plaza donde están los típicos puestos de artesanía, camino un poco más por el pueblo y encuentro un pequeño café: sandwich de carne con agregado $3.000 CLP, té con sabores $1.000 CLP. Definitivamente mejor opción, a pesar que quedé en shock al ver en mi plato dos mini sandwich poco más grande que un par de canapés. Ok, exagero, pero tampoco tanto. De todas maneras el Café Camello Patagón estuvo de lo más confortable. Estuve poco más de hora y media leyendo junto a mis minisandwich y mis dos tazones de té con sabor a naranja.

A las 15:00 hrs en punto llego al terminal de Coyhaique el bus que por $10.000 CLP y tras 6 horas de viaje por un increíble camino entre lagos y bosques frondosos, me llevó hasta el pueblo de La Junta. No, no por la Junta de Gobierno, sino por ser un punto de encuentro tras la Confluencia de los ríos Palena y Rosselot.

21:00 hrs con un tanto de hambre y otro poco de frío llego finalmente a La Junta donde me reúno con mis padres para continuar hacia el Puerto Raúl Marín Balmaceda después de nuestra noche acampando en este lugar.

 

Al Sur de Coyhaique

De tin marin de do pingüe……
Ya, pasajes a Coyhaique que no conozco por allá.

Así me fui, acompañada de una amiga, a los sures de nuestro país, sin tener muy claro qué encontraría por allá.

Ya próximas a aterrizar en el Aeropuerto de Balmaceda podíamos apreciar por nuestra ventana lo que nos esperaba, un mar de montañas nevadas, lagos, ríos y bosques envueltos en nubes maravillosas, se divisaba kilómetros abajo.

Llegando a Balmaceda no cuesta absolutamente nada encontrar un transfer que por $4000 CLP.- nos lleva hasta Coyahique donde recorrimos un poco el pueblo y aprovechamos de almorzar (no sabíamos aún que sería lo más parecido a un almuerzo real que tendríamos en esos días).

De Coyhaique partimos de inmediato rumbo a Villa Cerro Castillo. No teníamos muy claro que lugar era ese pero estaba al sur al mirar el mapa y eso nos bastaba.

El camino es impresionante, bosques que son una mezcla perfecta de colores verdosos, amarillos y rojizos, son cruzados intermitentemente por cauces de aguas y lagunas en donde el cielo se refleja tan nítidamente.

Llegamos a Villa Cerro Castillo justo cuando comienza a anochecer. Por $8000.- con desayuno incluído, alojamos en la Hospedería El Castillo donde Miryam y su madre nos atienden como si nos conocieran desde siempre. Ellas nos cuentan un poco sobre su vida en esas tierras y sobre la situación de la región con respecto al Proyecto Hidroaysén entregándonos las indicaciones para que logremos conocer por nuestra cuenta dónde se desarrollará el Proyecto. Una grata conversación con Miryam, su madre y tres residentes más del hospedaje, hacen la velada perfecta antes de irnos a descansar, llena de historias y datos para nuestro pequeño viaje. La mañana siguiente conocimos un poco más del pueblo antes de partir más hacia el sur.

IMG_4074Y ahí estamos, viajando absolutamente maravilladas con el entorno, cuando nuestro pequeño bus se detiene. Hay un vehículo volcado en el camino. Rápidamente se bajan todos los pasajeros a ayudar, por suerte no hay heridos de gravedad. El accidente no nos tomó tan de sorpresa, la noche anterior ya nos habían advertido lo frecuente que es que ocurran en la Carretera Austral.

Volvemos a nuestra ruta y nos detenemos unos minutos en Puerto Río Tranquilo donde aprovechamos de almorzar un sandwich y conversamos con la dueña del local y nuestro conductor “¿Ustedes se bajan en Bertand? ¿Y para qué? ¿Por qué no siguen mejor hasta Cochrane? Además, ahí yo bordeo todo el Rio Baker que inundará Hidroaysén. Aprovechen de conocer la Confluencia antes que desaparezca”. Cochrane se encuentra aún más al sur y conocer las confluencias de los ríos era uno de nuestro objetivos por lo que obviamente nuestra respuesta fue “Ok. Seguimos”.

Una vez en que alcanzamos bordear el Río Baker, el chofer junto a un caballero  que lo acompañaba en el recorrido me llaman adelante. Tomo el asiento que está junto a él y comienza el tour fotográfico. El mejor recorrido que se puede hacer de un lugar es que su misma gente te cuente de él. Estaba fascinada, preguntando… fotografiando… preguntando de nuevo.

“¿Van a llegar hasta Cochrane y no irán a Tortel?” Después de esa pregunta nuestro itinerario cambió nuevamente. Descansamos esa noche en Cochrane y a la mañana siguiente partimos rumbo a Caleta Tortel. Una mañana completamente fría y escarchada porque definitivamente, Cochrane es la ciudad donde he sentido más frío en mis primaverales treinta años.

IMG_4188Después de casi tres horas y tras ‘pinchar’ un neumático, llegamos a Caleta Tortel. Un lugar extraño donde todo se conecta vía escaleras y pasarelas. Una caleta bastante húmeda en la que poco y nada llega el sol. Intentamos buscar un lugar donde almorzar pero no encontramos más que una señora que nos vendió dos panes amasados a $100.- cada uno. El resto fue caminar y caminar.

El regreso a Cochrane y al día siguiente hasta Balmaceda,  se hizo más grato llevando como compañeros de viaje a gente de Tortel. Gente alegre, conversadora y dispuesta a compartir con quien estuviese a su lado.“Aaaahh si la vi a usted, estaba sacando fotos al frente de la escuela”.

Definitivamente fue un viaje muy rápido, con muy poco tiempo, cuatro días para un recorrido de dos semanas, pero fue suficiente para quedar maravillada con esas tierras. Suficiente para conocer un poco más de nuestra gente. Suficiente para querer volver por más porque la próxima vez sí:

  1. Subiré Cerro Castillo.
  2. Conoceré Bertrand.
  3. Iré a la Catedral de Mármol en Puerto Río Tranquilo.
  4. Iré a la Fiesta Bailable en Cochrane.
  5. Viajaré en bote a la Isla de los Muertos en Caleta Tortel.
  6. Dormiré al menos dos noches en Caleta Tortel.
  7. Entraré al Museo del Mate.
  8. Bailaré Chamame.