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Mujer en Ruta, sola.

Como sociedad, y mucho menos como mujeres, no hemos estado ajenos a movimientos como #niunamenos. Resulta recurrente conocer un nuevo femicidio, una nueva denuncia de violencia en diversas índoles o una nueva marcha para poder sensibilizarnos y decir ¡Ya basta! 

Hace tres años hice mi primer gran viaje sola, hace casi 25 lloraba porque esas eran cosas que hacían los hombres, las mujeres no viajaban solas por el mundo, era muy peligroso, y a mí con eso se me desgarraba una parte del alma.

Hace tres años hice el primer gran viaje sola y moría de miedo, esperando no morir de algo más en esos meses. 

La experiencia fue quizás única en mi vida, pocas veces me sentí insegura y aprendí a confiar en mi instinto cuando eso sucedía. En más de tres meses estuve sola 3 días y no fueron de corrido. 

Hoy he partido nuevamente, no tres meses sino tres semanas y; sin embargo, comprar los pasajes por tanto tiempo me llenó de culpa, que el trabajo, que los otros proyectos, que la casa, que mi Pastora, que el mundo estará en crisis y no estaré ahí. Lo tomé como el principal síntoma de que necesitaba cada uno de esos días. 

Un nuevo viaje y los mismos temores. “Cuídate y no andes sola”, “No camines sola de noche ya mataron a una turista este año”, “No vayas a ese lugar esta peligroso, mataron a una extranjera hace poco”… son frases recurrentes por estos días.

El sueño de mi vida desde niña fue “recorrer el mundo”, así me lo imaginaba. Con esa frase en mi cabeza comenzaba el sinfín de imágenes soñadas. Hoy puedo cumplir ese sueño, esperando de todo corazón, con toda mi fe, e injustamente, con todo mi autocuidado, no morir en ello ni ser violentada por ser mujer.

He sentido temor de que caiga un avión, de que el bus que va a exceso de velocidad por rutas precarias desbarranque, temor a que una avalancha o un alud caiga encima, hasta he sentido pánico por acampar bajo una tormenta de rayos en la montaña y temer amanecer, literalmente, frita. Ninguno de esos temores me deja la rabia, impotencia y asco que me da sentirlo por, mundialmente, estar expuesta por ser mujer. 

Algún día “ya basta” será real y no uno más, como el grito de ahogo que es hoy pero los necesitamos a todos para que eso ocurra.

Hombres, los necesitamos a ustedes destapando sus ojos y asumiendo su rol histórico en esta situación. Es la forma de romper el legado. Necesitamos que castren sus comentarios machistas para lo cual, necesitan aprender a conocerlos.  Mujeres, nos necesitamos exactamente en las mismas formas, asumiendo nuestro rol histórico en esta forma de actuar, nos necesitamos extirpando nuestros comentarios y pensamientos machistas, criando hombres libres de esa herencia fatal. Necesitamos por partes iguales fomentar la solidaridad, la protección en comunidad, tener valor y coraje para cambiar.

Ni yo, ni ninguna mujer es culpable ni responsable de ser violentada por caminar sola, por emborracharse sin importar el grado de alcohol que ingiera, por bailar provocativamente, por usar escote, incluso por desnudarse. Ninguna. No hay justificación nunca y el sólo pensarlo les dará una alerta de lo cómplices que somos de todo esto, incluso sin notarlo.  La última que supe que mataron fue de día, cuando salió a correr. Les dejo el dato: viajaba con su esposo.

Yo espero volver feliz y plena una vez más, espero volver y soñar con nuevos destinos, espero volver y decantar lo que aprendo en estos días, espero volver y abrazar rico a mi Pastora y a todos lo míos. Mientras, también reflexiono en esto, en mi rol, en mis comentarios, mi forma de pensar, criticar y también callar.  Nos necesitamos todos. 

Hoy tengo fe también en que podemos ser mejores. Es lo mágico de moverse, aparece fe que no siempre se tiene.  

Y para terminar alegre, una imagen estos días.

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Camino a Navarino

A estas alturas no recuerdo en qué momento Dientes de Navarino comenzó a ser real.

Un día de no sé cuándo vi esa ruta, imprimí una fotografía y la pegué junto a la pantalla del computador de la oficina. Así como una vez lo hice con los Himalayas, quería que ahora Navarino se apoderara de las oportunidades hasta llevarme hasta ahí.

“Quiero ir a la Isla de Navarino y llegar a Puerto Toro” me dijo un día papá.

Hace algunos años tuvimos buenos periodos de montañas y rutas que ya casi hemos abandonado juntos, ante lo cual respondí “Ahí está Dientes de Navarino. El trekking más austral del mundo. Yo quiero ir a la Isla pero a hacer esa ruta”.

Todo quedó pendiente por días, semanas y quizás meses. Leyendo, pensando, conversando, olvidando y volviendo a conversar hasta el día que hubo una fecha y un “Hagámoslo“. Después de eso, otros meses más, la compra de pasajes y desde entonces, más meses, exactamente cinco para preparar bien a lo que vamos.

Ambos estábamos alejados de las prácticas de trekking, él más que yo, pero de todas maneras ya llevo casi dos años sin una ruta de más de dos días.

A esta cordada austral se incluyeron tres más. Entonces comenzó la preparación.

En términos teóricos, mi padre y yo, somos los únicos que contamos con un curso básico, yo con dos, nunca están de más. Comenzamos con temas básicos como estudiar el circuito, conversar entre todos el tipo de vestimenta, de equipo y alimentación, revisar el tipo de entrenamiento y conocer las inclemencias del clima en esta ruta en particular.

En términos físicos, por mi parte, me encontraba con el mayor sobrepeso que he tenido y totalmente fuera de forma pero ya sé que las travesías comienzan cuando ya están de forma concreta en la cabeza y no en el primer paso en la ruta. Es un viaje que comienza mucho antes.

La disciplina no es mi fuerte, he descubierto que necesito objetivos competitivos para moverme. Los que mejor me resultan son los propios así que lo primero que hice fue inscribirme en una carrera de 10 Km. Eso obligó a moverme. El primer día que salí a la calle, logré correr poco más de 2,5 km y llegué roja como tomate. Un mes antes de la carrera corría 5 Km, a dos semanas recién pasaba los 7 Km. El día de la carrera fue el primero que hice los 10 Km y llegué bastante bien. Ya había ‘quebrado’ la inercia. Después me enfoqué en fortalecer las piernas y la verdad, a dos semanas, aún estoy en ‘debe’ con el resto de mi cuerpo que deberá llevar la carga esos cinco días pero aún queda tiempo para resolver eso.

Un mes antes de tomar el avión hicimos una pequeña ruta con el grupo hacia Piedra Numerada, en Santiago. El objetivo fue corregir técnicas de caminar, conocernos juntos en terreno, descubrir nuestro paso como cordada, las fortalezas individuales y colectiva, las debilidades individuales y colectivas, resolver dudas y claro, disfrutar un par de días de montaña. Nos fue bastante bien. Logramos de inmediato convertirnos en una cordada unida. Hemos discutido el comportamiento que suele tener la cabeza durante la ruta y cada uno ha expuesto con confianza sus ansias y sus temores que, por lo tanto, ya son de todos. Tema básico para que una cordada funcione.

Todos estamos de acuerdo a retrasar nuestra partida si el clima no nos acompaña y a volver sobre nuestros pasos si las condiciones superan los riesgos esperados. Aquí no hay egos heridos. Ponernos en esa ruta ya es objetivo logrado porque nuestro viaje hace meses ha comenzado.

Hoy estamos a días de iniciar la aventura en terreno austral. Hoy ya miramos el reporte metereológico a diario y revisamos una y otra vez el equipo y el menú diario.

Hoy ya comienzan los nervios, las ansiedades, las ilusiones, el entusiasmo y las mariposas viajeras estomacales también empiezan a nacer.

Los destinos, los viajes, las travesías son de todos, sólo hay que querer llevarse hasta allá, decidir, hacer y preparar todo para la elección hecha. Si las condiciones no están, crearlas. Siempre hay alguna forma.

Navarino comenzó para mí igual que una vez los Himalayas, con una fotografía en la pantalla, y hoy ya tiene pasajes de aviones y avionetas, pasaje de embarcación, alojamientos reservados y equipo listo para ello y en unos días, espero, el primer paso en la Isla.